miércoles, 16 de mayo de 2012

Paula VIP: El respeto debido entre la puta y el putero

"Ni hago ni consiento cualquier cosa por dinero, hay cosas que el dinero no puede comprar. Y si antes de conocernos en persona alguien me da a entender que piensa que por pagarme va a poder hacer, tratarme o decirme lo que le venga en gana, se puede ir gastando su dinero en otro sitio, no lo quiero. Afortunadamente, yo, puedo decir que es una inmensa minoría los hombres que me demuestran tal cosa".

Alejandra Escort, acompañante femenina



La prostitución, como todo acuerdo en una sociedad capitalista, supone la existencia de dos partes -un ofertante y un demandante- que cooperan voluntariamente para llegar a un fin mutuamente beneficioso. Ambas actúan como ofertantes, pues disponen de aquello que la otra persona considera deseable subjetivamente, y también como demandantes ya que desean satisfacer una necesidad propia. Tras realizar el intercambio, verán mejorar su situación anterior.

El punto clave es la VOLUNTARIEDAD, la toma de una decisión en ausencia de coacción física. Por supuesto que existen condicionantes -como en cualquier otro aspecto de la vida- que pueden influir en ambas partes situándoles en una posición de una mayor o menor ventaja relativa. Así por ejemplo un mayor conocimiento del mercado o de la existencia de bienes sustitutivos supondrían claras ventajas pues permiten optar entre un mayor número de alternativas, mientras el apremio o necesidad supondrían claras desventajas. Esto es el ABC de la economía que sabe cualquier ama de casa: por eso compara precios en distintos supermercados, aprovecha las ofertas y evita las compras de última hora que la pueden llevar a adquirir un bien más caro o de calidad inferior.

Una de las demandas de las trabajadoras sexuales más sencillas de satisfacer es que se tenga con ellas un trato agradable y respetuoso, como el que nos gustaría que los demás tuviesen con nosotros.



Las inquebrantables Leyes del Mercado se aplican indistintamente a clientes y a trabajadores sexuales. Sí, unos tienen necesidad de dinero... pero los otros la tienen de sexo. Ni el dinero ni el sexo son intrínsecamente valiosos sino que lo que determina su valor son su necesidad y escasez. Si una chica no trabaja puede tratar de mejorar su competitividad reduciendo sus tarifas, pero también sucede al contrario, que si resulta muy demandada se puede permitir subirlas. Sencillamente se adapta al mercado. Y exactamente lo mismo ha de hacer el cliente. Por supuesto que el precio no es el único elemento a considerar (se puede competir vía diferenciación del producto), sin embargo a donde quiero llegar es a que -ya que en términos estrictamente económicos no hay prevalencia entre quien demanda un bien o servicio y quien lo oferta- no debería existir discriminación social alguna. Siempre he rechazado el conocido aforismo de "quien paga manda". No, el pagar permite obtener unas cosas... pero no otras. No te sitúa en posición de superioridad como todavía entiende mucha gente, y no me refiero solamente a determinados clientes de prostitución. Hablo de quien se considera por encima de sus empleados, de la telefonista que le atiende o del camarero que le sirve. Quien trabaja te está prestando un servicio, para eso le pagan/s, pero NO TIENE POR QUÉ AGUANTARTE. Lo más probable es que te soporte estoicamente, pero no te considerará un buen jefe/cliente y ten por seguro que no moverá un dedo por tí a no ser que se vea obligado a ello.

Al igual que hemos de respetar al doctor que nos cura, a la abogada que nos defiende o al taxista que nos transporta y no hacerles de menos, la prostituta merece todo nuestro reconocimiento. ¿Cuál es la reacción normal ante cualquier buen profesional que desempeña su trabajo? Pues de gratitud, si lo ha hecho bien se merece sus honorarios y desearás volver a acudir a él/ella pues has quedado satisfecho. Y si no, la solución es sencilla: solicita los servicios de otra persona la próxima vez. Pero no hay motivo alguno para faltar a nadie, lo mismo que hay cosas que cuestan dinero hay otras que salen gratis como ser educado y agradable. Una situación tensa se puede suavizar y una agradable mejorar aún más con buenas maneras. Por eso suscribo el artículo que Paula VIP redactó en su día criticando los comportamientos abusivos de quienes se creen mejores por despreciar a las putas:



5 de Octubre del 2008, por PaulaVip

En ocasiones, hablando con otras compañeras sobre el respeto, éso tan complicado que nos debemos las personas, y que, como es lógico, en nuestro trabajo es absolutamente indispensable, hay siempre posiciones y opiniones encontradas.

Algunas profesionales opinan que al cobrar menos, los usuarios se toman más libertades, al menospreciar a la profesional. Si cobra menos, personalmente vale menos.

En el otro extremo, encontramos trabajadoras cuya opinión es la de que al pagar más, el cliente se siente con más derecho a hacer cuanto le place, bajo el prisma: -“puesto que pago más, tengo más derechos”-


Suponemos que todos valemos lo mismo. Partimos de la base de que hombres y mujeres somos iguales. Lo dice la Constitución no?

Paula reclama el derecho intrínseco que tiene toda persona a ser respetada, sin que su condición de prostituta justifique un comportamiento inapropiado por parte de clientes abusivos..



Observemos un argumento habitual en algunos usuarios:

Todas mienten/mentimos, todas ofrecen servicios que a la hora de la verdad no realizan,
todas son nuevas, novatas, recién salidas de una nube rosa, todas mentimos sobre la edad, todas mentimos sobre nuestra altura, todas mentimos sobre nuestra talla de pecho, todas sobre nuestro peso, todas sobre nuestros estudios y educación, y así podríamos seguir llenado páginas y páginas.

Al final, para un determinado sector de clientes son/somos unas embusteras. ¿Y cómo se desquitan? Creyendo que su dinero le da más poder, más derechos que aquellos que ha contratado. Y cómo no. Usando la bendita palabra PUTA!!

Esa palabra, que algunos retrógrados aún utilizan como si fuera estandarte de algún movimiento imaginario, se sienten en plena cruzada. Verdaderos guerreros defensores de grandes causas. Contra las PUTAS!!


Putas somos. Y no es ninguna vergüenza. Es un trabajo. ¿Que se pueden usar otros términos políticamente más correctos?…bien.

Veamos algunos ejemplos:
Prostitutas, rameras, furcias, pelanduscas, busconas, zorras, meretrices, cortesanas, pepas, lumis, escorts (término en inglés muy en boga en los últimos tiempos), trabajadoras sexuales….

Puta está bien. Es coloquial, es corto y todo el mundo sabe de qué hablamos. De Putas. Los puteros no van de pepas, van de putas. Hay que ser realista. Puta. Puta. Digámoslo alto y claro. Porque de no defender nosotras mismas esa palabra en concreto, será usada por unos cuantos gallitos de corral como término despectivo y soez. Intentando denigrar no a una profesión, no a una profesional, si no a una Persona.

Y siguiendo el razonamiento de este tipo de usuario, encontramos que como la mujer que tiene delante, sólo es una Puta, la trata como mejor le place.

Si este cliente pagó un precio considerado bajo, menosprecia a la prostituta como persona y profesional diciéndole que si realmente fuese guapa, tuviera buen cuerpo y valiese para follar, cobraría más,

pero…”-sólo eres una puta barata!!!!-“

Si el mismo tipo de cliente, paga por estar con una profesional de más alto caché, “entiende” que por el preció que abonó tiene “derechos adquiridos”.

“-Oye puta, por muy buena que estés y por mucho que cobres, no eres más que una puta!!!-“

No hay diferencia, pues, entre este tipo de clientes a nivel emocional por su parte. El dinero del que uno disponga para acceder a un servicio de sexo de pago, no le hace mejor persona, ni más empático, ni siquiera le predispone a pasárselo mejor. Porque en algunos casos, este tipo de cliente, se concentra más en los posibles o imaginarios fallos, que en que su encuentro sea lo más satisfactorio posible.

La palabra "puta" es empleada en muchas ocasiones para ofendernos. Como dice Paula, no deberíamos sentirnos avergonzados de lo que somos y hacemos. En cuanto mayor sea nuestro orgullo al emplear este término, menos humillante resultará en boca de nuestros detractores.



Es pues el cliente que usa la palabra PUTA un cliente abusivo?
En general, por supuesto que no.

Lo es, única y exclusivamente el que usándola en sentido peyorativo y despectivo trata de menospreciar a la persona que tiene delante, pague lo pague y sea el trato de la profesional, malo, bueno o excelente. Lo mismo le da.

Se siente fuerte tras esa palabra. Más hombre. En fin…

Sin embargo, no hay que olvidar que, en el fragor de un buen juego sexual, hay palabras que incitan, excitan, provocan, y ésa es una de ellas. Yo añadiría incluso que es la palabra estrella. Y que a muchas mujeres, no sólo a profesionales, les gusta que se lo digan.

Así pues, volvemos al principio del texto, el respeto. Ése que sin duda cualquier profesional de cualquier sector le debe a sus clientes, pero que sin duda alguna debe ser correspondido en su justa medida.

No somos muñecas de porcelana, no nos rompemos, no hay que tratarnos como si fuésemos de cristal. Somos como el resto de seres humanos. Nos afectan las mismas cosas, sean buenas o malas, excelentes o regulares.

Y los usuarios, no son diferentes de cualquier otro hombre con el que tengamos que tratar. Merece nuestra total atención en el tiempo que nos ha contratado, merece nuestra mejor sonrisa, nuestra mayor consideración, el servicio que se nos ha requerido, (ya pactado normalmente) y eso es Respeto.

Y el Respeto es básico para cualquier relación, para cualquier negocio, para cualquier transacción.

Deberíamos aprender a usar el Respeto para con las Putas.
Así como las Putas deberíamos tener como dogma de fé, el Respeto debido para con nuestros compañeros de juego. Quid pro quo.

Todo hay que ganárselo. No nacemos sabiendo, aprendemos día a día.
Nosotras como profesionales y nuestros clientes como usuarios.