miércoles, 4 de agosto de 2010

Reacciones ante la operación Afrodita (incluye comunicado de Hetaira)

"La mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución no son mujeres prostitutas, sino prostituidas (...) Son mujeres esclavas, que no están ahí porque quieren, que además ven vulnerados sus derechos fundamentales todos los días del año porque son vendidas como si fueran bolsos o zapatos, que están amenazadas ellas y sus familiares en los países de origen"

Bibiana Aído Almagro, Ministra de Igualdad del Gobierno de España



La semana pasada comentaba en este blog la cantidad de mentiras que se estaban virtiendo sobre esta operación policial, cuya intencionalidad política (tratar de mostrar que tras los anuncios de prostitución se hallan mafias que someten y fuerzan a las mujeres a prostituirse) resultaba evidente. Los medios contrarios a la prostitución rápidamente se pusieron a hacer leña del árbol caído, así La Razón entrevistó a Rocío Nieto mientras que Público se cebaba con noticias sensacionalistas como la del patrimonio incautado al dueño de los locales o reproduciendo el relato de una supuesta prostituta que narraba haber sido prostituida bajo unas condiciones completamente salvajes e inhumanas: obligada a prostituirse bajo el efecto de las drogas, maltratada por proxenetas y clientes, sufriendo disociación... Por supuesto a la ministra de Igualdad la faltó tiempo para poner esta operación como ejemplo de la existencia de redes de explotación sexual.

Los partidarios del reconocimiento legal de esta actividad tardamos más en reaccionar (¿quizá porque ellos estaban sobre aviso?) y, aunque recibimos la noticia con escepticismo, tuvimos que indagar sobre lo sucedido y tratar de esclarecer los hechos. El testimonio que nos ofrecieron las personas que habían trabajado en esos sitios (ya fuese ejerciendo la prostitución o en tareas de apoyo como telefonistas), sus parejas y clientes contrastaba fuertemente con la "información" que nos hacían llegar los medios. Finalmente la asociación Hetaira sacó un comunicado en el que se denuncia la tergiversación de los hechos además de añadir que quienes van de salvadores resultan ser los que más perjudican a estas mujeres (dejarlas sin trabajo, expulsarlas del país, ocultarlas al público aunque eso signifique un empeoramiento de sus condiciones de trabajo...). En el fondo decimos lo mismo y eso es lo que me hace albergar alguna esperanza de que, tarde o temprano, acabemos dejando nuestras diferencias a un lado y lleguemos a colaborar.

La hipótesis que mantengo es que estamos de nuevo ante una manipulación deliberada de la realidad que les sirva de coartada para implantar su proyecto político (eliminar los anuncios de prostitución tan sólo es una parte de él). Para los progres retorcer los hechos y distorsionar la información es el pan nuestro de cada día, ¿que la realidad contradice a su ideología? ¡Pues peor para la realidad! Lo real será lo que ellos digan, sobre teniendo en cuenta que disponen de casi todas las televisiones y periódicos para que repitan sus monsergas. Además, como a la gente se la ha vendido la moto de que vivimos en una democracia (demogracia la llamo yo) pues en general no se cuestionan la información oficial, no ven la dictadura del pensamiento existente y a fuerza de escuchar sus mentiras una y otra vez se las acaban creyendo. Pues no, las mentiras, mentiras son. Y la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. Como hago siempre les muestro la información desde diferentes perspectivas, ustedes eligen a quién quieren creer. Empezamos con el impagable relato de Público (con toda seguridad facilitado desde APRAMP):




MAGDA BANDERA - Público 25/07/2010



Una esclava sexual relata en Público cómo fue explotada por una red que utilizaba los anuncios de los periódicos para anunciarla

La dueña del burdel me vendía en los anuncios de los periódicos como "Mulata brasileña, 120 de pecho. Francés hasta el final". Otras veces cambiaba y decía que hacía un "griego profundo". Gastaba mucho en anuncios, en los principales periódicos de pago de tirada nacional (Público no los admite). Solía poner uno cada diez días, pero a veces, cuando no le funcionaban y no atraían a muchos clientes, llamaba a los diarios a los cinco días y los cambiaba. Algunos sonaban divertidos, como el de "Yuli y sus amigas. Muy guarras".

Una vez vino un chico a hacernos fotos para los anuncios, decía que los clientes querían saber cómo teníamos las tetas, "la gente quiere verlas". Yo no quería que me identificaran y me tapaba la cara, pero luego supe que se me reconocía. No servía de nada lo que yo dijera. Entonces ni siquiera era consciente de mi situación. Sólo que quería escapar viva de aquella prisión.

Todo empezó un día que fui a la Seguridad Social. Estaba a punto de perder los papeles que había conseguido por quedarme en paro. Esa mañana, se acercó a mí una mujer muy bien vestida y me ofreció trabajo cuidando de una persona mayor que vivía en un barrio de la periferia de Madrid. Desde que llegué de Brasil había estado trabajando como interna en dos casas y en una peluquería latina. Nunca me pagaron más de 700 euros.

Aunque me había quedado sin trabajo, mi vida estaba más o menos estabilizada. Después de dormir una temporada en un piso compartido, en una especie de pasillo, con la ropa en una maleta debajo de la cama, la cosa iba mejor. Vivía con un chico y, aunque echaba mucho de menos a mis hijos pequeños y soñaba con ahorrar y traerlos conmigo, estaba bastante bien. Hasta que llegué a esa casa y ya no volví a salir en dos años.

Nada más entrar en aquel lugar, me di cuenta de que no era normal. Había muchas chicas medio desnudas. En el fondo, podría haber sospechado de la venezolana que me ofreció el trabajo, pero era muy ingenua. Cuando llegué a España, a veces veía chicas ejerciendo la prostitución en la calle y pensaba "qué vagas son, no quieren trabajar". Es como cuando ves los anuncios y no piensas en lo que a veces hay detrás.

La colombiana que era la dueña del burdel me ofreció trabajar allí. Decía que ganaría mucho dinero, porque a los clientes les gustaban mucho las mulatas como yo. En esa época tenía 12 mujeres en la casa, pero ninguna era negra. Yo me puse muy nerviosa, histérica, y le dije que me quería ir. Me dieron un vaso de agua para calmarme y yo no sé qué le echaron, sólo sé que me pasé dos días drogada.

Cuando recobré el conocimiento, me dijeron que lo habían intentado por las buenas y que ahora sería por las malas.
Habían visto en mi bolso la foto de mis niños y tenían ya todos mis datos. Me amenazaron con que podría pasarles algo malo. Eso fue lo peor durante el tiempo en que me oblibaron a prostituirme, las veces en que decían que algún día mi hija también trabajaría allí y les haría ganar mucho dinero.

La casa tenía tres plantas y estaba en una calle estrechita. La habitación olía fatal: a semen, incienso y velas del brujo que venía a hacernos santería y a asustarnos... La colombiana que nos explotaba creía mucho en eso y podía gastarse en ritos hasta 1.000 euros, que, por supuesto, pagábamos nosotras. A veces nos obligaba a mantener relaciones con aquel tipejo, pero yo siempre me negaba, porque me daba muchísimo asco.

De hecho, siempre llevé muy mal el tema de la higiene. Me duchaba en cuanto se iban los clientes y a veces me bebía literalmente el enjuague bucal porque no soportaba el sabor que tenían.



Drogas para "aguantar"

También tenía que drogarme todo el tiempo para aguantar. No sólo las palizas y los malos tratos, también las multas inventadas para no darnos el dinero que ganábamos. Es difícil imaginar qué se siente cuando te obligan a acostarte con 30 clientes al día, como me pasaba a mí muchas veces. Hubo un tiempo en que llegué a meterme 11 gramos de cocaína al día. Nunca antes había probado la droga ni lo he vuelto a hacer después de salir de allí.

Un día tuve una sobredosis. Estaba con un cliente que había pagado para estar en el burdel tres días drogándonos todo el tiempo y de repente sentí que me moría. Me quedé sentada sin moverme, abrazándome a mí misma. Sólo pensaba en que iba a morirme y que me iban a tirar al cubo de la basura. Eso era lo que decía siempre la dueña.

Pero en el fondo, como de verdad intentaba evadirme de aquello era pensando en el mar. Puede sonar inocente, pero era lo que me salvaba. Venían esos hombres y yo me concentraba en imaginar que estaba en una isla y no allí dentro.

Es que, de repente me quedé sin vida. Todo quedaba muy lejos, mis hijos en Brasil, los estudios de Derecho de los cuales sólo pude hacer un curso, porque las monjas me quitaron la beca cuando les dije que no quería ser novicia... Pero eso no le importaba a nadie. En todo aquel tiempo, sólo un cliente se interesó una vez por mí, e incluso me dejó hacer una llamada con su móvil, pero la policía no me creyó y no volvimos a intentarlo. Además, tenía miedo. De estos sitios no sueles escaparte porque temes las represalias para ti y para tu familia. En el fondo, no hace falta que te vigilen para evitar que te vayas.

Por eso, era muy fuerte oír cómo los clientes se reían y nos decían "es que las putas sois unas mujeres de vida alegre". Pero no podíamos decir nada. Este mundo es el más hipócrita que existe. Dices cariño y papito a tipos que te dan asco. Y al final no sabes qué pensar de los hombres, yo no los entiendo. Un día le pregunté a un periodista de televisión que ha estado en muchas guerras si había oído hablar de la trata. Me dijo que sí. Le pregunté si le interesaba el tema, pero me dijo que no, que él iba a pasarlo bien y punto, que no pensaba en esas cosas. Su mujer ya no le ponía, pero estaba bien con ella gracias a esos desahogos.

Los abolicionistas equiparan sexo comercial con sexo esclavo. Las historias llenas de sufrimiento como la presente no serían anecdóticas sino ejemplificadoras de lo que es, en la "triste y cruda realidad", el mundo de la prostitución. Juzguen ustedes mismos su verosimilitud.



Los inicios

Al principio lloraba mucho, incluso delante de los clientes. Cuando eso sucedía, iban y se quejaban a la dueña y ella les decía "no te preocupes, no le hagas caso, es que está borracha". Después me amenazaban y me decían que dejara de comportarme como una monja, que allí sólo querían putas.

Los clientes van a comprar un cuerpo. Para ellos, ese cuerpo no tiene vida, no le preocupa si tienes sentimientos, si comes, si bebes, si respiras. A veces los miraba mientras sacaban el dinero de la cartera. Veía las fotos de sus parejas y pensaba "¡qué cabrones!" De vez en cuando, los llamaban sus mujeres y escuchaba cómo les decían que estaban haciendo horas extra en la oficina. A alguno incluso le daba morbo seguir haciendo el acto mientras hablaba con su parienta, como solían llamarlas. La dueña les ayudaba a tener coartada y cuando llamaba alguna esposa que sospechaba algo, fingía que era una veterinaria. Incluso decía a los hombres que se trajeran el papagayo o el perro, y lo dejaban abajo, en la recepción.

La mayoría quiere cosas básicas, aunque a medida que van probando, quieren experimentar cada vez más. Luego hay otro grupo que pide cosas raras que no entiendo. Por ejemplo, venía un abogado muy bien trajeado que se metía en una habitación de sadomasoquismo y quería unas cosas alucinantes. Se las teníamos que hacer y entonces aún lo pasábamos peor. La dueña nos obligaba, porque pagaba hasta 1.000 euros por algunas de esas sesiones.

Hay hombres que te tratan más o menos bien y otros que te maltratan. Necesitan sentir que son machos, que tienen fuerza, que son ellos los que mandan. A veces, me quejaba de que algo me hacía daño, pero decían "no te quejes, eres una puta y te estoy pagando".



Obligada a abortar

Las cosas que pasan ahí dentro, cuando eres víctima de trata son durísimas. A mí lo peor que me pasó fue quedarme embarazada de un tipo asqueroso un día en que se rompió el condón. De repente, empecé a notar mareos, vómitos y somnolencia. Cuando me dormía, venía la dueña me pegaba y me gritaba "venga, arriba, vienen a por ti".

Finalmente, me hicieron la prueba del embarazo y dio positivo. Entonces trajeron al brujo y me dieron unas pastillas y un té, algo asqueroso. Me encerraron en el cuarto oscuro que tenían en la planta baja de la casita y me hicieron abortar. Estuve a punto de desangrarme, con unos dolores increíbles. Creo que me salvé, precisamente porque volvió el tipo que me había dejado embarazada y pidió por mí. Le dijeron que estaba enferma y como insistía en verme, al final me hicieron ir con él. Pero me prohibieron que le dijera la verdad. Me debió de ver muy mal, porque me trajo ibuprofeno y antibióticos.

Después de todo aquello, cada día estaba más rebelde y al final no me importaba que me pegaran ni morirme y que me tiraran al cubo de la basura. Otras chicas también empezaron a protestar y al final la dueña y unos amigos suyos montaron una falsa redada con dos tipos que supuestamente eran policías de paisano. Gritó que saliéramos corriendo y así lo hicimos. Después supe la verdad.

Finalmente, la asociación Apramp contactó conmigo cuando estaba prostituyéndome en un piso. Había ido a parar allí después de la falsa redada porque no tenía papeles y no sabía a dónde ir ni de qué vivir. Desde octubre de 2009, trabajo en la unidad móvil de la asociación, ayudando a detectar otros casos de víctimas de trata. Mientras, estoy esperando que salga el juicio, porque acabé denunciando a los que me encerraron en la casa.

Desde entonces, no he vuelto a Brasil. Una de las razones por las que no quiero ir es porque allí corro más peligro que aquí, al menos hasta que se celebre el juicio. Hace poco mataron a una brasileña que había denunciado a la mafia que la explotó. Los proxenetas tienen contactos en el país de origen.



Guardar el secreto

Durante un tiempo, al poco de denunciar, mi madre empezó a recibir llamadas raras y al final, por suerte, me hizo caso y cambió de número. Ella tiene la custodia de mis hijos, se la tuve que dar cuando me vine a España, para no tener problemas con el padre de los niños. Ella los está cuidando desde entonces, pero como no sabe nada de lo que ha pasado cree que soy una mala madre. Aún no me he podido sentar con ella y explicarle lo que me pasó en persona. No sé cómo lo haré. Ella cree que me he pasado dos años sabáticos, que he sido una irresponsable. Algún día iré a verla con todos los papeles de la denuncia, los del juzgado, todo. Buscaré a alguien que sepa español y que se los pueda traducir. Es que encima he quedado por la mala. A mis amigos no les he contado nada, me lo he quedado todo para mí solita.

Tampoco se lo he contado al chico con el que vivía. Un día me lo encontré en la calle y noté que no quería hablar y a mí me daba mucha vergüenza. Sé que cuando desaparecí de aquella manera estuvo buscándome y que preguntó por mí, pero luego se deshizo de mis cosas y ha rehecho su vida. En el fondo, prefiero que piense que soy mala persona a que se entere de la verdad.

Ahora, desde que estoy en el programa de la Apramp apenas puedo mandar dinero a mi familia (su salario no llega a los 300 euros mensuales). Por eso piensan que soy una egoísta. Pero yo sólo quiero pasar página y traer a mis niños a Madrid cuando pueda. Soy de cumplir promesas, y un día me hicieron prometerles que los traería, aunque sólo fuera de paseo. Y aunque sólo sea de paseo, los traeré. Ya siento demasiada impotencia por no haber podido hablar con ellos. Cuando estaba prisionera los llamé muy pocas veces. No me dejaban. Sólo después de llorar mucho, de insistir y de pagar una multa gigante a la propietaria, me permitían hacer una llamada y siempre con personas delante. Una de ellas era otra brasileña que vigilaba cada palabra. Además, nunca podíamos charlar más de cinco minutos.



Recuperación

Después de tanta humillación y de varios meses de terapia, he empezado a rehacerme, a recuperar mi autoestima. Ahora disfruto yendo con la unidad móvil. Siento que puedo ayudar a otras chicas. He conseguido independizarme y ya no vivo en un piso de emergencia, como al principio de acogerme al programa de la asociación. Tengo una habitación en un piso compartido con una familia ecuatoriana, pero tengo hasta tele para entretenerme. Los fines de semana trabajo en una peluquería de dominicanas.

También tengo una rutina que me ayuda. Me levanto cada día a las 7 de la mañana. Eso fue lo que más me costó al principio, tener unos horarios. En la casa no los había. En cualquier momento podía llamar un cliente y tenías que arreglarte y atenderle. Ahora veo las noticias, porque me encanta enterarme de lo que pasa en el mundo. Y también miro el tiempo, para saber qué me pongo. Después voy a la asociación, cada día de un modo distinto. Cambio de ruta constantemente, para no tropezar con nadie. Nunca cojo dos días seguidos la misma línea de autobús o de metro. En ese sentido, aún no estoy tranquila.

Un día, mientras estaba en la estación de Renfe, me tropecé con la dueña del burdel. Ese día me puse fatal. Me miró con un odio. Imagino que sabe que yo una de las que puso la denuncia. A veces cuando pienso en que pronto tendremos el juicio me entran muchos nervios y no sé si resistiré. Es difícil describir cómo era esa mujer. Aún recuerdo los gritos el día en que se supo que 20 Minutos dejaría de publicar anuncios de prostitución. Pegó unos gritos. Decía "no sabéis lo que significa eso. Es un diario que ve mucha gente. ¿Cómo van a encontrarnos los clientes si no hay anuncios?".

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¿Qué les parece? Total, es total. De perdidos al río, ya que se ponen a mentir lo hacen con toda la jeta del mundo, a las bravas, digan que sí. Artículos como éste son los que hacen que se nos revuelvan las tripas a quienes conocemos de verdad el mundo de la prostitución y no por los supuestos "abusos" denunciados, sino porque las falacias que contienen son tan brutales que no hay por dónde cogerlos. Al menos espero que reproducirlo sirva para despejar cualquier duda que pudiera permanecer sobre las auténticas intenciones de los abolicionistas.

Y a continuación inserto el comunicado de Hetaira. Concuerdo con lo que exponen si bien hay algunas cositas que podría comentar pero ya estaría siendo muy puntilloso, como que la sentencia que cita del 2001 en concreto a lo que se refiere es a que se podría considerar actividad laboral la prostitución a efectos de regularización laboral (con lo que evidentemente se mejoran sus condiciones, porque en España estar sin papeles significa ser perseguido como si fueses un ladrón de bancos). Tampoco comparto su valoración positiva del plan contra la trata, pero es verdad que ellas tratan de ser mucho más diplomáticas y conciliadoras que un servidor, que va a todos sitios arrasando como si mañana se acabase el Mundo. Pero muchas otras las suscribo plenamente, como que los ayuntamientos se estén convirtiendo en los proxenetas (bien indirectamente a base de multas, bien directamente por medio de chantajes policiales) o la existencia de una intencionalidad política tras esta intervención policial. ¿Qué me cuentas, moreno, que el gobierno emplea a la policía con fines políticos? Sí, señora, sí. Eso es exactamente lo que acabo de decir y también las de Hetaira. Del mismo modo que en otras ocasiones las he tenido que tirar de las orejas por andar a berzas, ahora he de felicitarlas porque se están enterando de qué va la película. Bienvenidos a Rubalcabalandia.




Comunicado de prensa
Hetaira, colectivo en defensa de los derechos de las prostitutas
Madrid, 27 de julio de 2010



Asistimos, con perplejidad, a una nueva puesta en escena mediática contra la prostitución. La última noticia la macrorredada en Madrid en diferentes pisos y que se saldó con 350 mujeres “liberadas”, según fuentes policiales, ha demostrado que lo que se persigue es la prostitución que se anuncia en la prensa escrita, independientemente de que ésta se ejerza de manera voluntaria o sean víctimas de trata.

Desde Hetaira hemos investigado poniéndonos en contacto con mujeres que habían trabajado en esos pisos y los testimonios que hemos recogido nada tienen que ver con lo que ha salido en los medios de comunicación ni en las noticias filtradas por la Policía. Según los testimonios de mujeres que en algún momento trabajaron en ellos, lo único criticable eran las habitaciones que utilizaban para descansar, pero siempre respetaban la elección de las mujeres tanto de los turnos de trabajo como de clientes y de servicios sexuales a realizar. No obstante, seguro que las condiciones laborales serían mejores si la prostitución estuviera reconocida como una actividad económica legítima (tal y como hizo el Tribunal de Luxemburgo de la UE en 2001) y se regularan las relaciones laborales cuando median terceros, como es el caso de estos pisos. Mientras esto no suceda, las trabajadoras del sexo que trabajan en clubes o pisos a cargo de terceros seguirán sufriendo abusos por parte del empresariado y unas condiciones que no contemplan totalmente los derechos laborales de las trabajadoras. Pero la explotación laboral (algo que sufre un tanto por ciento muy elevado de trabajadores en cualquier sector y más en tiempos de crisis como los actuales) no es lo mismo que la trata o la explotación sexual, un concepto que se ha puesto de moda últimamente y que no se sabe exactamente qué quiere decir.

Las trabajadoras sexuales se ven muy afectadas por las acciones emprendidas desde el poder público, que mientras dice protegerlas acaba perjudicándolas. Incluso desde Hetaira comienzan a cuestionarse la buena voluntad del ejecutivo. Al fin vamos cayendo de la burra, señores, al fin. Este grupo de trabajadoras sexuales pide, desde la parte alta de la calle Montera, el cese de la VIOLENCIA INSTITUCIONAL.



Parece que el Gobierno está más interesado en los “golpes de efecto” para preparar las condiciones para la eliminación de los anuncios de contactos que en defender los derechos de las mujeres que trabajan en la prostitución de forma voluntaria.

El Plan Nacional contra la Trata de Seres Humanos con fines de Explotación Sexual contempla acertadamente una serie de medidas de protección para las que son obligadas a ejercer la prostitución. No obstante, su puesta en marcha parece más centrada en la represión y persecución de las mafias que en la defensa de las víctimas. Si tal y como mantiene el Gobierno central “todas las prostitutas son víctimas de mafias” no entendemos cómo no se les está procurando protección, un lugar donde estar tranquilas y un periodo de reflexión mínimo de 30 días para que se decidan a denunciar a sus captores. La macrorredada organizada en la última semana en Madrid se saldó, según notas policiales, con 350 mujeres “liberadas”, sin embargo no sabemos dónde están estas mujeres a día de hoy (no se encuentran bajo la tutela de ninguna ONG), si se encuentran internadas en un CIE o bajo custodia policial. Tampoco sabemos si el Gobierno se replanteará esta “obligatoriedad” de denunciar a cambio de protección. Lo que sí conocemos es que al menos 34 se encontraban en “situación administrativa irregular” y, probablemente, tal y como ha sucedido anteriormente, se les aplicará la ley de extranjería estando expuestas a ser expulsadas de nuestro país. ¿Son víctimas de trata de seres humanos o son trabajadoras del sexo sin derechos laborales que serán expulsadas?

Palabras, palabras y más palabras vacías de contenido (“prostitución es violencia contra las mujeres”, “la prostitución atenta contra la dignidad de las mujeres”, “víctimas”, “mujeres liberadas”) se acompañan de medidas que causan una mayor desprotección en quienes ejercen la prostitución por decisión propia:

· Las multas en los municipios se multiplican sin que el Gobierno central intente evitarlo. Las prostitutas han de trabajar el doble para poder pagarlas: ¿son los ayuntamientos los nuevos “proxenetas”? No se quiere ver a las prostitutas en las calles, parques y polígonos industriales pero no se les ofrece ninguna alternativa de espacios donde puedan trabajar con tranquilidad y seguridad. Mientras tanto, los grandes empresarios de clubes de alterne se frotan las manos sabiendo que no tendrán competencia en la calle (donde las mujeres se quedan con todos los beneficios que obtienen). ¿Preferimos, tal vez, que se vayan a trabajar a los clubes, fuera de la vista de la sociedad y donde sí sabemos que existe explotación laboral y unas condiciones abusivas?

· Se trabaja en la idea de prohibir la publicación de anuncios de contacto en la prensa escrita como la “gran” medida para acabar con el gravísimo problema de la trata de seres humanos (¿se prohibirán también los anuncios en televisión, en Internet, en revistas especializadas en sexo para personas adultas?). Si hay mafias organizadas que se publiciten, por favor, aprovechen e investiguen caso por caso para acabar con ellas. Tampoco les interesa a los grandes empresarios de clubes de alterne la competencia de los pisos particulares.

· Las prostitutas lo que necesitan son derechos laborales que las protejan: como trabajadoras autónomas del sexo en la calle o en pisos particulares o bien como trabajadoras dependientes de terceros en los clubes (para lo que habría que modificar el artículo 188bis del actual Código Penal que considera a éstos proxenetas).

Así mismo, exigimos que se pongan en marcha las medidas de protección y los recursos necesarios para defender los derechos de aquellas que son víctimas de trata.

No más abusos contra las prostitutas.

No a la criminalización

Ni multas ni expulsiones

Derechos laborales para trabajador@s del sexo

Protección social para quien desee abandonar la prostitución y

Protección real para víctimas de trata de seres humanos.



Si te has quedado con ganas de más, aquí tienes:

· Operación Afrodita: contra la prostitución, desinformación
· Federico contra la prohibición de los anuncios "de putas"
· La polémica sobre los anuncios de relax
· Comunicado del P-Lib sobre los anuncios de contactos
· Rocío Nieto habla en Madridiario sobre la prostitución
· Entrevistas a Maria Teresa López, veamos la prostitución desde el abolicionismo