martes, 3 de marzo de 2015

Detrás de la prostitución: la mujer, la madre, la persona

Quienes hemos dado la cara identificándonos como personas vinculadas al entorno de la prostitución nos vimos juzgados, estigmatizados, encasillados de acuerdo a una visión unidimensional basada en estereotipos. No se tiene en cuenta que somos o hacemos más cosas en la vida, no se nos pregunta por otros trabajos, por las aficiones, la familia... por todo lo que conforma la identidad de una persona. Indudablemente ejercer la prostitución, y en algunos casos acudir a ella, ejerce un peso muy significativo en nosotros. Pero es que se obvia todo lo demás, no somos más que "putas y puteros".

Por eso considero tan importante que tengamos las cosas bien claras cuando acudamos a los medios, debemos tener un guión bien definido sabiendo exactamente la imagen que queremos mostrar. Necesitamos que sea más humana y menos mediática. Somos discriminados al igual que lo han sido históricamente las mujeres, los negros o los homosexuales. Se nos presuponen una serie de "taras" o problemas por lo que tenemos que hacer un esfuerzo mayor para demostrar que no es así, que están equivocados y que lo que está mal no somos nosotros sino sus prejuicios. Y esto hay que hacerlo con simpatía, con sencillez y sobre todo con mucha paciencia. A nadie le gusta que le digan a la cara que está equivocado, que ha sido educado en mentiras. Tiene que ser la sociedad, por sí misma, la que vaya cuestionándose esas ideas que durante tiempo han sido dominantes para sustituirlas por una cultura de tolerancia y respeto.

También esto es un toque de atención para periodistas e investigadores: del tratamiento que ustedes den a la información van a derivarse consecuencias muy reales para muchas personas. Intenten ser más serios y menos sensacionalistas. Lo peor que puede hacerse son esos típicos programas para marujas en los que los "expertos" hablan de la prostitución sacando imágenes de archivo repetidas una y otra vez, sin dar voz al menos a las prostitutas. Eso no sólo refuerza los estereotipos, sino que además indica una tremenda falta de profesionalidad.

Son pocos quienes deciden ponerse en contacto directo con las chicas y demás gente del mundo de la prostitución, pero aún menos quienes se implican hasta el punto de ir más allá y tratarnos como verdaderas personas. Hasta donde conozco, la única prostituta de la que han sacado este lado más humano es Montse Neira quien es uno de mis grandes referentes como bien sabéis. Me identifico con ella en muchos aspectos: los dos hemos sido tratados como una mierda y pasado por toda suerte de trabajos precarios, tenemos inquietudes y formación política y además decidimos "salir del amario" siendo perfectamente conscientes de la que se nos venía encima. A ella la dijeron que era una "mala mujer", que se aprovechaba de los hombres y rompía matrimonios, que no estaba capacitada ni para abrir un blog o escribir un libro ni, mucho menos, para sacar una licenciatura. A mí que era un degenerado, que si debía tener malformaciones físicas (eso me lo soltó Jordi González, pero en los comentarios del blog se especuló sobre si yo debía tener una serie de características que mis detractores consideraban indeseables: desde calvicie, baja estatura, fealdad... a ser inmigrante) o incluso que si era un "redentor" de prostitutas que las quería "salvar". Lo que hay que oír.

Les invito a escuchar directamente no a una prostituta, sino a Montse Neira como persona. ¿Qué opina de toda una serie de temas, unos relacionados con la prostitución pero otros ajenos a esta realidad?




Interesante entrevista ¿no les parece? Como dice, sobran muchísimos prejuicios y no se contrasta la información. A nivel social, lo he dicho mil veces, nuestra prioridad ha de ser superar el desconocimiento existente en esta materia. Y eso pasa, por narices, por acceder a los medios de comunicación. No lograremos nada desde los blogs, charlas en círculos reducidos o trabajos académicos. Lo ha mostrado claramente Podemos: o nos hacemos un espacio en la TV o estamos condenados a permanecer en la irrelevancia más absoluta. No obstante, un paso previo es coordinarnos y eso es algo por lo que nadie está por la labor. La culpa no es sólo de los otros, a nosotros nos falta muchísimo trabajo.

Como prostituta, sabe cuáles son sus necesidades y las dificultades que afronta. De ahí que digamos que es tan importante escucharlas, ¿cómo pueden pretender ayudar a ninguna mujer que ejerza la prostitución desde el abolicionismo si son incapaces de lo más básico, que es saber qué dicen? Este es el "primer mandamiento", porque de su incumplimiento se derivan la mayor parte de los inconvenientes que existen en torno a la prostitución. Para empezar esa estigmatización de la que nos habla, ¿por qué hemos de mentir y llevar una doble vida? En sí, es algo de lo que nosotros no sentimos que tengamos que avergonzarnos. Es más, nos sentimos bien con ello. Pero lo ocultamos porque sabemos que no nos van a entender. 

Otra de las ideas preconcebidas que se tiene es que la que se mete a puta es que no vale para otra cosa, que no tienen habilidades o destrezas especiales, que lo que hacen ellas lo puede hacer cualquiera. Quien piensa así alimenta su rechazo hacia las chicas, pues las ve como vagas que se buscan la vida de una forma cómoda. Bien, quien crea que es así que venga y lo haga. Una prostituta "tiene que desarrollar empatías, fortalezas, muchas cosas de psicología", su trabajo tiene que ver más con el trato humano y las ventas que con el sexo: el cliente no paga al final, tras recibir el servicio, sino antes. Ella lo que quiere es que la elijan, y después que el cliente regrese: al igual que quien tiene cualquier otro negocio. Y en el sector servicios es fundamental el trato, tanto o más que el "producto": yo he estado muchas más veces con chicas que me cautivaban por su simpatía que las que lo hacían por su juventud o su belleza. Además del trato con el público, las chicas adquieren conocimientos de los que carecen incluso altos directivos de multinacionales o políticos de renombre: aprenden idiomas (hay chicas en la calle capaces de hablar fluidamente hasta cuatro lenguas diferentes), marketing, gestión de empresas... No será una formación reglada, pero es real. Para ser puta no basta con saber chupar pollas, como dicen despectivamente algunos.

Otro de los aspectos que resultan rompedores y descolocan totalmente a las "feministas" es cuando las prostitutas hablan de sus relaciones con los clientes. Eso no lo soportan, tratan de silenciarlo todo lo posible y la única explicación que encuentran es la de atribuir fuertes patologías a estas mujeres. Montse no me parece que esté ni loca, ni enferma, ni que sea tontita. No, las enfermas son esas "feministas" carcomidas por el odio. Dice que eso que se cuenta de que el hombre somete a la mujer no tiene nada de cierto, que ella puede decidir si aceptar o rechazar en todo momento los deseos de su compañero e incluso opina que, de existir algún tipo de sometimiento o poder, sería el de la mujer sobre el hombre. ¿O es que sólo vale el dinero? ¿No tiene también valor el sexo o el afecto que ofrece la otra parte? El dinero al cliente no le vale de nada si no tiene en qué gastárselo, como toda mercancía su valor reside en que pueda satisfacer alguna necesidad. En varias ocasiones me he tenido que guardar la pasta ante la ausencia de alternativas. Cuando se produce el intercambio es porque ambas partes piensan que sacan provecho, hay ELECCIÓN en ambos sentidos (con sus condicionantes, claro: en la época de la burbuja llegué a conocer a chicas que subieron sus tarifas o se volvieron muy selectivas porque abundaba la clientela, mientras que cuando pinchó tuvieron que adaptarse a los cambios en el mercado). Fijaos que el mismo acto, el del pago, Marien lo ve de manera distinta que los abolicionistas: para ella significa que la están valorando, que sus clientes son capaces de sacrificar el consumo de otros bienes o servicios que les reportarían bienestar por estar con ella. No por pagar el otro es menos, ¿o pensamos que el camarero que nos pone cañas es menos por prestarnos un servicio? Bueno, hay gente gilipollas que sí, pero yo no hablo de chulos o prepotentes sino de personas normales.

Lo que ha tenido más importante la prostitución para mí es el aspecto de valores, la formación humana. Ha cambiado mi forma de ser. Creo que es el aspecto clave de ese proceso que denomino "emputecimiento": cuando uno va viviendo en el entorno de la prostitución se va "desprogramando" y se cuestiona muchas afirmaciones que antes había aceptado con total naturalidad. Va viendo qué cosas son verdaderamente importantes en la vida y le hacen feliz a uno (antes ir de putas era "tirar el dinero", y ahora no veo nada mejor en lo que emplearlo), se deja de creer en el mito del amor romántico y en que sólo puedes ser feliz compartiendo tu vida con una persona en una relación estable y monógama (ojo, he sido también feliz así y no objeto nada a quien elija esta opción, únicamente digo que no es la única), o se entiende que si quieres a otra persona lo importante es que sea feliz y que es mejor tratar de comprenderla y respetar sus decisiones en vez de elegir lo que tú puedes creer mejor para ella (eso lo digo por los que se rasgan las vestiduras cuando aseguramos que no nos importaría que un familiar, suelen hablar de nuestra hija, ejerciese la prostitución: de hecho querríamos que lo hiciese en las mejores condiciones posibles y devolvemos la pregunta planteando si nuestro interlocutor preferiría que sus vástagos se prostituyesen en un entorno de prostitución criminalizada o normalizada).

Anteriormente, las putas eran para mí (al igual que para tanta gente) lo peor de lo peor. No me explicaba cómo podían hacer lo que estaban haciendo (suponía que tenían que estar forzadas, locas o en situación de extrema necesidad), me producían un profundo y "natural" (naturalidad creada a base de años de "educación") rechazo. Pero al estar con ellas las fui conociendo. Y al conocerlas, las perdí el miedo. No eran unas comeniños, de hecho muchas eran madres y ADORAN a sus retoños. Se desviven por ellos, son lo primero en su vida. Ni unas enfermas que van infectando a la gente, de hecho resultan ser mucho más higiénicas que la mayoría de chicas que he conocido (por ejemplo cuando he estado con chicas por fuera de la prostitución, ninguna me ha lavado la polla antes de chuparla). Aunque hay de todo, en general no eran unas brutas, incultas, capaces sólo de "dejarse follar". Yo he alucinado, tenía conversaciones con ellas más interesantes que con muchas compañeras de facultad. Fui poniendo rostro a esas personas de las que todo el mundo habla y tantos desprecian, lograron hacerse un sitio en mi vida y algunas incluso en mi corazón. Trabé amistad con varias de ellas y llegué a profesarlas un auténtico aprecio.

De esto va el blog y campañas como la que les muestro a continuación de la asociación argentina AMMAR. Buscamos mostrarles el lado más humano y REAL de la prostitución, lo que hay detrás, la parte "invisible". No son chicas obligadas, desesperación o problemas psicológicos como algunos denuncian. Tienen vidas corrientes, son personas que van por la calle igual que cualquiera, que tienen su familia e hijos y afrontan los mismos problemas cotidianos que tenemos los demás.