viernes, 11 de diciembre de 2009

Las relaciones cliente-prostituta, una visión personal desde dentro

"No siempre existe una línea clara entre el trabajo (sexual) y el cliente, por un lado, y el amor y el amante, por otro. Es decir, puede existir el aspecto comercial junto a sentimientos de amor o cariño".

Laura María Agustín, investigadora y escritora



El origen de esta nueva entrada es un reciente artículo en el que se defendía al cliente de la prostitución. El investigador Chris Atchison elaboró un estudio según el cual el cliente de prostitución no responde al esquema prefigurado que existe. No hizo mas que investigar, abordar el tema sin ideas preconcebidas que lastrasen su trabajo y decir lo que fue comprobando. Lo que se encontró es lo que vería cualquiera con ojos en la cara y dos dedos de frente, aquello que suscribimos quienes vivimos la prostitución en primera persona pero que no desean escuchar los abolicionistas, una auténtica verdad incómoda: que la relación entre clientes y prostitutas es respetuosa y en muchos casos incluso amistosa, que en vez de tenernos por enemigos las feministas deberían considerarnos como aliados frente a la explotación sexual y que sólo era una minoría los que agredían y abusaban a las chicas (para mí ésos son agresores, no clientes).

Los clientes de prostitutas somos caricaturizados como seres sumamente viles, carentes de cualquier escrúpulo y merecedores del mayor desprecio. Obsérvense las cejas arqueadas y los dientes afilados. La deshumanización del oponente es una estrategia política muy común que pretende justificar todo tipo de abusos.



Me hago cargo de que es muy aventurado realizar afirmaciones semejantes, todo aquello que trate de romper con los prejuicios existentes va a hallar enormes obstáculos. Pero hay que hacerlo, no nos queda otra opción. Si optamos por callar entonces siempre va a prevalecer su versión de los hechos, al guardar silencio les estamos dando la razón. Por eso no me canso de denunciar, aunque sea con mis escasos medios, toda la sarta de mentiras que vierten en torno a la prostitución a pesar de que sé que arrastro un tremendo déficit de credibilidad al declararme cliente. Podrá pensarse que claro, que voy a ser tremendamente parcial y pintaré las cosas del color que me sea más favorable. Pues no, me confieso usuario de prostitución para justificar de dónde proviene mi información, pero ante todo soy una persona íntegra que no oculta lo que ve, un señor que siente una profunda aversión hacia las mentiras y manipulaciones y que si al describir la realidad tiene que dar la razón al adversario lo hace sin vacilar ni un instante porque lo primero de todo soy un demócrata, una persona de principios y valores. Seré un putero, pero pocas personas pueden darme lecciones de ética. ¿Estamos?

Un servidor, como Marien, no hace más que reiterar que esta investigación no hace sino avalar lo que estamos repitiendo una y otra vez, por activa y por pasiva. Sin embargo recibimos críticas, las cuales agradezco ya que considero que en vez de debilitar, refuerzan mis argumentos. En concreto un asiduo lector de este blog, ASTURIANO, ha planteado que quizá estemos generalizando "a partir de unas experiencias con el fenómeno muy particulares". Es normal pensar así, considerar que dado que nosotros hablamos desde nuestra experiencia personal "los árboles nos impidan ver el bosque". Sin embargo he de hacer notar que la nuestra es una experiencia muy rica, variada y prolongada en el tiempo (ergo significativa), y que en ella incluimos los testimonios de terceras personas con las que nos relacionamos. Así cuando las abolicionistas desestiman a las "cuatro prostitutas" que salen en los medios están tirando por la borda no tanto a un puñado de mujeres, sino muchísimos años de experiencia durante los cuales se han relacionado con miles de compañeras. Las trabajadoras sexuales que han ido dando la cara tienen por lo general una amplísima trayectoria, en ocasiones superior a los 20 años, a lo largo de la cual han conocido a cientos de mujeres pudiendo contrastar con ellas sus experiencias personales. Y mira qué cosa, resulta que coinciden. Cuando yo afirmo que las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen voluntariamente, que no hay violencia ni humillación en este tipo de relaciones o que por regla general pueden escoger al cliente y las prácticas que desean realizar con él no estoy meramente dando una opinión de un cliente, sino reflejando la realidad que he hallado a lo largo de cientos de encuentros sexuales y docenas de horas de conversaciones informales con prostitutas.

Para los partidarios del abolicionismo normativo las relaciones de amistad y respeto que describen Susan Davis y Chris Atchison son imposibles. Carteles como éste no buscan reflejar la realidad, mentir nunca ha sido un obstáculo para la progresía (es más, resulta imprescindible), sino ofrecer una imagen muy negativa de aquello a lo que quieren atacar. Es decir, que está pensado para ALCANZAR UNOS FINES, y en este sentido considero que resulta muy adecuado.



También son cuestionados los testimonios de estas prostitutas por el hecho de ser, como Marien, escorts de alto standing con una clientela "selecta". No es así, este tipo de argumentos los respaldan chicas que trabajan en la calle como las conocidas Marga Carreras, Carolina Hernández o Mónica Coronado. Además Marien ha pasado por casi todas las modalidades de prostitución, no vive en una especie de "mundo aparte". Y si todo esto no basta yo puedo aportar mi experiencia, que proviene del ambiente opuesto: acudo a la prostitución más económica que existe, la de Montera y Desengaño, y cuando he viajado al extranjero (todavía tengo pendiente el post de las vacaciones... qué pereza) he estado con chicas de todavía menor "categoría" según el estándar socio-económico vigente. Chicas que cobraban al cambio unos 7 € el polvo, en algunos casos drogadictas (y a sustancias muy destructivas, como el pegante e incluso el basuco) y que podrían situarse en el margen del margen de la sociedad. Bueno, pues resulta que mi experiencia a pesar de ser tan distinta y distante de la de Marien, concuerda en todos y cada uno de los aspectos que enumera.

Con Marien sólo tengo algunos puntos de conflicto, pero son resultado de nuestra experiencia política, no de la “prostitucional”. Yo no puedo compartir ese “buenismo” del que hace gala diciendo que hemos de respetar, escuchar y convivir con esas feministas que defienden las posiciones abolicionistas. Resulta que, aunque queramos, no podemos porque dos no hacen las paces si uno no quiere. Nosotros podremos pretender “vivir y dejar vivir”, lo cual funcionará entre personas de mentalidad democrática como tú, ella o yo. Sin embargo el problema surge cuando tratamos con bestias autoritarias para quienes todo aquello que se mueva fuera de su cerrada concepción del mundo ha de ser perseguido hasta la aniquilación. Ante ellos no cabe más opción que aplastarles o ser aplastados, como muestra la historia: este año se conmemora el 70º aniversario de la 2ª Guerra Mundial en la que se enfrentaron estas concepciones del mundo, el "appeasement" sólo sirvió para engordar a la bestia. Hoy en día sucede lo mismo con Chávez, Ahmadineyad o Kim Jong-il (no pongo ejemplos más cercanos o polémicos para no resultar ofensivo, pero como sabéis también estoy pensando en algún político de la escena nacional...); si se les da cancha van a aprovechar para comerte el terreno porque no siguen un esquema racional como el nuestro. El demócrata busca una solución satisfactoria para todos, el autoritario camina sobre los cadáveres de quienes le tendieron la mano. Dicho aún más claramente, NO SE PUEDE SER TOLERANTE CON LOS INTOLERANTES. Y eso se ve en la escena política, las feministas pro-derechos intentan siempre negociar, consensuar, pactar; mientras las abolicionistas únicamente saben reprimir e imponer a la fuerza. También se aprecia en las relaciones de prostitución, los clientes demócratas buscarán establecer unas situaciones agradables para las prostitutas tratando de que tanto ellas como ellos disfruten del encuentro mientras que aquellos que no lo son tratarán a las mujeres como a trapos. Es normal que los abolicionistas se pongan en este último caso porque como dice el viejo refrán, "quien las hace, las imagina". No me cabe la menor duda de que ellos sí ejercerían violencia contra las mujeres... ¡qué digo! Si ya lo hacen, y las desprecian y humillan al no reconocerlas como interlocutoras válidas y atribuirlas toda clase de desórdenes y patologías. Ellos son los maltratadores, no nosotros.



Asturiano, a quien le prometí responder en esta entrada, formula dos interesantes objecciones al sexo de pago. La primera dice así:

1ª) Sigue sin ser explicado el fenómeno de porqué el noventa y muchos por ciento de las personas que acuden a la prostitución en calidad de clientes somos los hombres. Este fenómeno es muy factible que tenga que ver algo con las masculinidades y con los modelos de 'ser hombre'. El género sigue estando ahí por mucho que queramos obviarlo.

La respuesta, clara y directa, la da Marien cuando dice que ello es un reflejo del histórico sometimiento que ha padecido la mujer, que "al hombre se le ha estimulado más cultural y socialmente para que no se reprima sexualmente". Una autora feminista reconocida como A.Kollontai -ya que la menciona- envidiaba la sexualidad masculina ya que consideraba que estaba mucho más emancipada, que se desarrollaba de manera más libre que la femenina (no por razones biológicas, sino culturales).

Yo también creía que este curioso fenómeno no había sido explicado, o al menos no por las "pro-derechos". Siempre había escuchado la versión abolicionista que veía este hecho como un claro ejemplo de discriminación hacia la mujer propio de una sociedad "patriarcal". Pues bien, existe otra visión de los hechos. En la famosa Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer e Igualdad de Oportunidades para estudiar el fenómeno de la prostitución del 2007 una de las ponentes invitadas fue la señora TRINIDAD LOSADA BUJALANCE. Pues cuando a ella la preguntaron por qué creía que existía esa desproporción en cuanto al género respondió lo que ya apuntó Marien y que como se evidenciaba las mujeres comenzaban a liberarse requiriendo cada vez más servicios sexuales, creo que dijo algo así como que esperaba que en 40 o 50 años ésta fuese una práctica completamente normalizada. Es decir, que en vez de a menos la prostitución fuese a más. Seguro que sus señorías se quedaron de piedra, pero eso es exactamente lo mismo que yo pienso. Sé que es una postura bastante heterodoxa, pero espero se vea que no soy el único "bicho raro" que opina así.

En opinión de la señora Losada Bujalance las mujeres, al ir adquiriendo cada vez más capacidad económica y libertad sexual en nuestras sociedades, irán progresivamente aumentando su demanda de servicios sexuales. Me alegra que así sea.



Su segunda hipótesis consiste en que:

2ª) Es muy posible que, al menos para una parte importante de los hombres que se relacionan recurrente o habitualmente con mujeres en contextos de prostitución, dicha práctica resulte nociva desde un punto de vista psicológico.

Es frecuente sentenciar que el sexo de pago puede tener unas consecuencias perniciosas para las relaciones entre hombres y mujeres o que "ralentice el desarrollo personal" de los clientes asiduos, que les infantilice. Pero no se explica el por qué. ¿El hecho de que haya existido un pago modifica tan sustancialmente el tipo de relación que viene a continuación? Yo no lo veo así. De hecho opino que la promiscuidad y la ruptura de normas convencionales que conlleva la prostitución no sólo no son contraproducentes para el desarrollo personal sino que resultan altamente beneficiosas. Marien te explica cómo muchos clientes "se preocupan porque nosotras estemos bien y a gusto con ellos y preguntan (...) Y también se preocupan por nosotras, por nuestras cosas, hasta el punto que surge amistad, aprecio y cariño". Es decir, que las tratamos con respeto, afecto y en no pocas ocasiones, con auténtico cariño. Para mí son noviecitas temporales, y me consta que en algunos casos ellas también nos ven así. Cuando una trabajadora del sexo (que no es de piedra) se siente a gusto se suelta, te coge confianza y se relaciona contigo con toda normalidad.

Este cliente, al pagar a una prostituta (en realidad es la conocidísima actriz porno Angelina Crow), puede estar dando inicio a una larga y profunda amistad...



Se ofrece la imagen de que el llamado "contrato de prostitución" marca unas pautas prefijadas que impedirían una relación de igualdad, pero eso pertenece a la especulación teórica y no a la realidad práctica. Voy a tratar de explicarlo: ¿Por qué uno va de putas? Para follar. ¿Para qué uno folla? Para sentirse bien. ¿Estamos de acuerdo? Pues digo yo, ¿no resultará más placentero para el cliente (en consideración a lo que me plantea Asturiano voy a enfocarlo desde esta óptica) que la chica también lo pase bien? Yo suelo decir que el sexo es un deporte de equipo, tiene que haber coordinación entre sus participantes. Si como cliente logras que la chica esté bien va a ser lo mejor, ella será laxa con el tiempo, comprensiva, tratará de que tú también disfrutes, incluso puedes sacarla algún "extra" que yo valoro especialmente no por el tipo de práctica sexual en sí misma, sino por constituir una muestra de confianza y aprecio por su parte. Una vez en la habitación puede pasar de todo, como ha comentado Marien "depende basicamente de la naturaleza y la actitud de cada persona, de sus prejuicios, de si es flexible o no, de si respeta, de si tiene empatía , de sus prioridades". O dicho de otro modo, para que nos comprendan mejor, la relación de prostitución efectivamente por una parte tiene un componente comercial, pero por otra posee otro humano, que a mi entender es clave y que es el que tiene un mayor peso a la hora de determinar el desarrollo de esta relación.

Espero no haber resultado demasiado extenso y que mi testimonio logre hacer entender un poquito mejor la realidad de la prostitución.

31 comentarios:

asturiano dijo...

1ª Parte:

Lo primero agradecerte públicamente el que te hayas molestado en abrir esta entrada y en extenderte escribiendo. Habiendo leído esta exposición tuya, que me parece bastante válida, por el momento creo que sólo estoy capacitado para plantearte una objeción. Ésta se refiere al pronóstico acerca de cómo será la demanda de prostitución en el futuro, realizado por la ponente en la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer e Igualdad de Oportunidades para estudiar el fenómeno, Trinidad Losada Bujalance. Tú has escrito:

"En opinión de la señora Losada Bujalance las mujeres, al ir adquiriendo cada vez más capacidad económica y libertad sexual en nuestras sociedades, irán progresivamente aumentando su demanda de servicios sexuales. Me alegra que así sea."

Este hipótesis, que ya la he escuchado por boca de alguna otra persona, me parece bastante aventurada o sin fundamento suficiente. A mí parecer el que el noventa y muchos por ciento de los individuos que son usuarios o clientes de prostitución sean hombres no lo explicaría el hecho de que las mujeres no se hayan incorporado al fenómeno debido a una todavía insuficientes incapacidad económica y libertad sexual.
Estas explicaciones me parecen muy poco probables por ser bastante simples y faltarles una perspectiva de género muy necesaria.
Yo creo que, actualmente -desde hace ya unas décadas- está habiendo una proporción significativa de mujeres españolas que son trabajadoras y que tienen ingresos económicos mensuales durante períodos de tiempo suficientemente prolongados, como para tener cantidades de dinero disponibles para dedicarlas a pagar por sexo o sexo-afecto de pago.
En lo referente a la otra variable: la libertad sexual, decir que aunque este proceso ha podido ser más lento y más problemático (y a que probablemente sigue siéndo así para una cantidad importante de mujeres), las mujeres, que hacen un relativo uso de su libertad sexual deben de ser también una proporción nada desdeñable desde hace ya bastante tiempo (sobre todo las que no están sujetas al contrato matrimonial, las que están en una situación en la que no dependen de un varón, o las que se autovaloran positivamente a pesar de la edad que puedan tener, etc.). Y sin embargo, estas mujeres tampoco se han icorporado en una proporción significativa a la demanda y al sexo de pago.

Este planteamiento me parece que no sólo es defendido por mí. Existen personas -supuestamente- con autoridad en la materia que también parecen defenderlo. Así, por ejemplo, Mónica Coronado (alias 'Mónica la del Raval') a la que sueles citar es una persona que considera la demanda de prostitución como una práctica claramente "generizada" en el sentido de los varones, y que no vislumbra el que ello pueda cambiar -al menos a corto plazo. Repasa si lo deseas su intervención en el debate sobre prostitución emitido por el programa Bande Ample de TV3, que -por otra parte- tú ya has analizado.

Sigue...

asturiano dijo...

2ª Parte:

El que las mujeres sigan sin demandar y consumir prostitución en una proporción siquiera reseñable probablemente tenga que ver con un conjunto de causas diversas, de entre las cuales esas dos (la incapacidad económica y la ausencia de libertad sexual) no creo que hayan de ser las más determinantes. En sociedades como la nuestra, debería haber ya un mínimo mercado de prostitución para mujeres y sin embargo dicha oferta es prácticamente inexistente y no tiene importancia estadística cuando se compara con la importante y diversificada oferta de prostitución orientada a los clientes varones.
Deberíamos plantearnos, para empezar, que quizás una de las cosas que explican dicho fenómeno es que las mujeres -aunque con menor poder adquisitivo que los varones o les afecta más el desempleo- no demandan o dejan de consumir tales "servicios" o relaciones pagadas, por carecer de ingresos o de capacidad económica (potencial), sino que lo que puede estar ocurriendo es que las mujeres destinan sus dineros a otros productos, menesteres o negocios; o lo ahorran para poder costearse algún proyecto que tenga que ver con su desarrollo formativo, profesional o personal. Es muy posible, igualmente, que algunas de esas mujeres destinen sus dineros a procurar o garantizar el bienestar de sus seres cercanos (esto empezando por la mayoría de las propias mujeres oferentes).

En cualquier caso: no parece que para la inmensa mayoría de las mujeres que viven en España y que contarían con una mínima y más o menos estable capacidad económica como para generar algún mercado de servicios de prostitución para ellas, esto último signifique un objeto de consumo deseable. De lo contrario la proporción de mujeres con respecto al total de personas clientas de prostitución en nuestra sociedad, no sería tan sumamente baja como la que es (se me ocurre que aproximadamente alrededor del 3% del total de clientxs).

Muchas Gracias por leer todo esto.

asturiano dijo...

Fé de erratas:

En mi anterior comentario donde he escrito:

"Habiendo leído esta exposición tuya, que me parece bastante válida, por el momento creo que sólo estoy capacitado para plantearte una objeción."

debería poner:

"Habiendo leído esta exposición tuya, que no me parece válida del todo, creo que, por el momento, sólo estoy capacitado para plantearte una objeción."

asturiano dijo...

CORRECCIÓN DE UN DATO:

Al final del comentario que he escrito a esta entrada he apuntado como posible para las mujeres un porcentaje en torno al 3% sobre el total de personas que demandarían y consumirían prostitución en nuestro país [en el periodo de un año].

Repensando un poco más este tema, ahora me parece que esa cifra es demasiado elevada y puede ser errónea. Esto me parece que se aprecia intuitivamente si nos servimos de un ejemplo como el siguiente:

Pongámonos en un supuesto como el siguiente: que en nuestro país, en el último año, hubieran sido 100.000 las personas distintas que hubiesen pagado -una o más veces-por una relación de prostitución, pues bien, entonces, si se cumpliera ese 3%, el número de mujeres que hubieran sido clientas de prostitución en ese año resultaría ser de 3.000.
A mí, personalmente, esta cifra se me antoja muy elevada.

Estimo que el porcentaje de mujeres, sobre el total de personas de ambos sexos, que en el periodo de un año han pagado una cantidad de dinero por mantener una relación sexual, sexo-afectiva o afectiva con otra, ha de ser bastante inferior a ese 3% que había apuntado anteriormente.

asturiano dijo...

1ª Parte:

Sobre el tema de los procesos de infantilización posibles, en los que podemos caer los hombres si nos relacionamos regularmente con mujeres en contextos de prostitución, me gustaría responderte lo siguiente.

Sobre un planteamiento como este me parece que conocemos muy poco como para posicionarnos con firmeza a favor de su valor de verdad o en contra del mismo; necesitaríamos tener los hallazgos de algún estudio que investigase hipótesis rigurosas y fundamentadas en relación con ello...

Pero mi posición favorable a dicha posibilidad has de entenderla como formulada con un propósito preventivo: como conocemos poco sobre dicha posibilidad de los procesos de infantilización de los hombres que se hacen habituales del recurso a la prostitución como clientes, entonces es mejor ser cautos y no defender la idea de que ser cliente recurrente de prostitución puede ser liberador o ayudar a crecer como personas a la mayoría de los hombres que lo son. Pues, entre otras cosas, este último planteamiento, también está por demostrar.

En tu caso concreto, es posible que el consumo regular de sexo o sexo-afecto de pago, no te esté llevando a un proceso de infantilización. Esto es posible; no lo dudo. Pero permíteme, no obstante, formular la siguiente conjetura para un caso como el tuyo. Un caso que sólo conozco a través de los testimonios tuyos que he leído:

En tu caso el riesgo de una potencial infantilización o ralentización de tu desarrollo como persona (y hombre) adulto en lo que a relaciones con el otro sexo se refiere, tendría que ver con lo siguiente:

Es posible que tú que llevas ya varios años relacionándote con mujeres en contextos de prostitución y que ahora lo haces con bastante asiduidad (según me has contado) cometas errores o tengas defectos en el trato que dispensas a alguna/s de esa/s mujeres. Unos defectos o unos errores, sin embargo, de los que tú apenas te das cuenta o a los que tú concedes poca importancia. ¿Por qué sucedería esto?
Pues esto podría ser debido a que las mujeres con las que te relacionas en contextos de prostitución te toleran muchos de esos fallos o defectos de relación que tú tienes con ellas y te los dejan pasar. Y esto por dos razones de diferente índole: 1ª) Esas mujeres te han cogido un cieto aprecio, afecto... por cómo tú has sido con ellas en comparación con otros hombres clientes. Este aprecio que te tienen, tú, de algún modo te lo habrías ganado. Al mismo tiempo los pagos en dinero que las realizas -lo mismo que en el caso de los otros hombres clientes- ayudan a que se toleren esos fallos o defectos; y esto, sobre todo tiene que ver con la 2ª) razón:

Sigue...

asturiano dijo...

2ª Parte:

Entre las mujeres que se relacionan con hombres en contextos de prostitución es muy frecuente la potenciación de los roles que tienen que ver con el cuidado del otro, y más en concreto, con el cuidado de los varones. Esto muchas de las mujeres en situación de prostitución entienden muy pronto que forma parte del 'trabajo' que han de desarrollar con los hombres que acuden a ellas. Este "trabajo" de los cuidados, de la escucha activa...,que han de llevar a cabo se asienta de un modo muy natural sobre su socialización específica (por razón de género).

Pues bien, el hipotético problema para tí con todo esto podría radicar en lo siguiente: en que tú que dices adorar a las mujeres con las que te relacionas en contextos de prostitución; unas mujeres a las que a veces comparas con "las no prostitutas" y que valoras mejor por el trato que a tí te han dispensado siempre y te dispensan, podrías a larga, soportar cada vez peor las críticas personales que a tí te dirigiera alguna mujer de fuera del ámbito de la prostitución. Unas críticas que pensarías que son infundadas o malintencionadas por parte de esa mujer -debido entre otras cosas a que para el resto de "tus amigas" (las mujeres oferentes) tú no eres como esa otra mujer da a entender que eres. Y, sin embargo la crítica que a tí podría estar dirigiéndote esa "otra mujer" podría estar totalmente fundada, y lo único que habría sucedido es que esa mujer no te habría tolerado según que cosas (fallos, presuposiciones, defectos de comportamiento, faltas al respeto), que siempre te habían tolerado "tus amigas".

Bueno, espero que este planteamiento te lo tomes de un modo constructivo; y en cualquier caso, ya sabes que es sólo hipotético.

Un saludo.

M.N. (Marien) dijo...

Sobre el último comentario que haces Asturiano (y que me has remitido) me he dado cuenta que voy a tener que empezar a ponerme muy seria y utilizar elementos académicos que he aprendido en asignaturas como en sociología.

¿te has planteado la potenciación de los roles que hacen las personas cuando interactúan con la familia, los amigos, para que las personas del entorno la acepten socialmente y la amen (o para conseguir amor)?

¿cuántas veces en las relaciones de pareja "no desviadas" se perdonan cosas o se esconden maneras de pensar, de sentir, se fingen actitudes, para que la otra persona no nos deje o no se disguste?

¿Te has parado a pensar la magnitud del control social que hay en la mujer cuidadora de personas dependientes?

Y en las empresas

¿cuántas veces se perdonan actitudes de clientes con tal de facturar y generar beneficios?
¿cuántas veces se engañan o se ocultan datos con tal de vender más o de ser más productivos?

El ejemplo de la empresa no es baladí ya que después de la familia, la escuela y los amigos, la cultura de empresa influye enormente en el carácter del ser humano.

Y otra referencia para lo que comentaste de las conversaciones banales entre clientes y prostitutas.

¿sabes cuántas personas se conocen y se comunican a lo largo de años pero nunca llegan a conocerse mejor ni a un nivel más profundo del que se conocían y se limitan a una comunicación impersonal simplemente debido a las circunstancias en que se encuentran y sólo hablan cosas sobre el clima, los resultados deportivos...?

En cualquier contexto en los que las personas interactuamos se dan ausencias o contradicciones de los contenidos valorativos y normativos transmitidos por una cultura y a una limitación estructural que disminuye las posibilidades de desarrolo social y personal de determinadas personas incapaces de alcanzar los objetivos socialmente (y personalmente plausibles) con los medios tanto sociales como personales (carácter) disponibles.

M.N. (Marien) dijo...

Aclaro una cosa.

El hecho de que ponga en realción las relaciones que se dan dentro del contexto de prostitución , lo que sería etiquetado ccomo "conducta desvíada", con las conductas aceptadas socialmente, no quiere decir que no censure las actitudes negativas que se dan dentro del ámbito de prostitución...pero es que también censuro las que se dan fuera, por ejemplo critico a amigas y conocidas mías que no utilizan preservativo para generar "más confianza" con el partenier de turno, ( en las relaciones promiscuas que tienen)ignorando las consecuencias que tienen, como son los embarazos no deseados y la transmisión de enfermedades sexuales, o también les critico que finjan orgasmos para que su pareja esté contenta o que hagan que "necesitan" más a su pareja de lo que realmente la necesitan para que está se "reafirme más en su rol de varón protector".

Los analísis tienen dimensiones diferentes cuando se hacen las observaciones de manera aislada ode cuando se ponen en relación a otras situaciones.

Marta dijo...

Hola,

Algunas cosillas. Por lo poco que puedo haber visto y por lo que me han explicado, habría al menos dos formas de relacionarse con los clientes que, de entrada, ponen en entredicho buena parte de los presupuestos que sustentan las posturas abolicionistas. Una de ellas sería la que se establece con clientes fijos, con los que se forjan vínculos propios de relaciones amistosas sinceras, a menudo con algunas limitaciones evidentes (normalmente se ciñen a un contexto concreto, aunque la regla en ciertos casos se pueda romper). Otra sería la que se mantiene con clientes ocasionales, o a veces más o menos estables que son llevaderos y soportables pero con los que no hay una gran sintonía. Con muchos de estos clientes, las trabajadoras sexuales explican claramente que actúan (al menos las que yo conozco), y que parte de su oficio consiste en adquirir ciertas dotes interpretativas para conseguir con la inversión mínima requerida de tiempo y esfuerzo que, eso sí, el cliente salga satisfecho del servicio prestado. En estas relaciones no se implican emocionalmente, y digamos que hay una especie de instrumentalización mutua (puede que disfrazada de otra cosa) entre prostituta y cliente, de la que ellas, al menos, siempre son muy conscientes (no se alienan o autoengañan). En fin, me vienen a la cabeza algunas escenas en que mientras una trabajadora sexual muy experimentada alternaba con un tipo, repitiéndole lo guapísimo que era y lo estupendo que estaba, me miraba guiñándome un ojo y diciendo bajito: "imbécil" o "asqueroso". Cuando dejan de "estar en escena" y se cierra el telón, se suele hablar con ironía de estos tipos, que, por cierto, pueden dejarse una pasta en invitaciones. Si realmente no les importa que el cliente vaya a volver, tampoco hace falta que salga satisfecho del todo: el objetivo es provocar su eyaculación lo antes posible, a veces sin necesidad de sobrepasar el lavado en el bidet. En medio de estos dos extremos habrá toda una gradación de posibilidades: clientes ocasionales con los que excepcionalmente se puede tener feeling, clientes que las tratan con amabilidad y a los que devuelven un trato igualmente amable, etc.Supongo que Asturiano se refiere en gran medida al segundo tipo de relaciones que planteo.

Después, respecto a por qué la mayoría de clientes de la prostitución son hombres, pues lo que sí creo que se debería dejar claro es que la explicación es social y en ningún caso biológica. Sé que Cliente X lo ha remarcado (y también Marien), pero lo digo porque después de ver Banda Ampla, escuchar al urólogo? y al sexólogo de turno salir con lo del gen egoísta a estas alturas de la vida (aunque desgraciadamente estas teorías biologicistas forman parte de un discurso cada vez más hegemónico, si es que alguna vez dejaron de serlo), y comprobar que en el plató y fuera de él a casi todo el mundo (incluídas trabajadoras sexuales que asentían y hasta el cura, como no) sus argumentos les parecían de lo más plausibles, la apuesta por la prostitución como el camino a la liberación de Cliente X se tambalea un poquillo. En los foros de sexo de pago, por cierto, esta cosa del gen cachondo y de las naturalezas sexuales femenina y maculina esencialmente diferentes, son muy recurrentes en algunos hombres casados para explicar-justificar sus devaneos, quienes agradecen así la posibilidad de mantener sus matrimonios desahogando su natural y masculina líbido incontenible. Vamos, que los colocas en el XIX y no desentonarían nada (la puta y la esposa como modelos opuestos e irreconciliables de mujer, y el marido/cliente como una misma figura que enlaza las otras dos).

Si sabemos que sobre todo desde ese siglo a la mujer se la disciplinó para contener el deseo sexual, que hasta dentro del matrimonio había toda una serie de prescripciones que regulaban las relaciones conyugales, que quienes experimentaban orgasmos eran consideradas enfermas a tratar médicamente, que la honra familiar dependía del mantenimiento de su virginidad, etc.

Marta dijo...

y que al mismo tiempo la prostitución se institucionalizaba al servicio de los hombres justamente como vía de escape normalizada a su supuesta “naturaleza”, pues parece bastante lógico que la mayoría de los clientes sean ellos. Más cuando el ir de putas, por ejemplo durante el franquismo, formaba parte de rituales de sociabilidad masculina aceptados (las no reconocidas y estigmatizadas eran las prostitutas, no los clientes), e incluso se reconocía su “funcionalidad” para salvaguardar la virginidad de las mujeres decentes, prevenir la homosexualidad, etc. Hoy por hoy las cosas han cambiado, claro. Creo que Barahona habló de un 5% de clientas mujeres a partir de un recuento en los anuncios de periódicos destinados a ellas. Muchas mujeres tienen relaciones sexuales fuera del contexto del matrimonio o de una idea precisa de amor de novela rosa (que no es la única tampoco), aunque seguramente entre algunos sectores siga siendo más difícil para ellos que para ellas ligar. Sin embargo, muchas de estas mujeres probablemente no se plantearían pagar por sexo a pesar de no representar el perfil caduco de “señora decente”. En algunos casos, es verdad que puede haber sentimientos de vergüenza o que teman ser censuradas, y seguramente con el tiempo la cifra aumente. En otros casos imagino que simplemente puede resultar costoso e indeseable trasladar las relaciones sexuales al ámbito del mercado, y que resulte preferible mantenerlas en un dominio donde, en principio, rigen o pueden regir otras reglas de juego. Y esto no tiene por qué implicar ningún tipo de represión . Y aquí viene al caso la idea de “liberación” que usa Cliente X, que yo al menos no la acabo de entender. Ya comenté que sí me parece que la prostitución puede dejar espacios de liberación a las trabajadoras sexuales , en el sentido de que les haga cuestionar algunas de las ideas o prejuicios que tenían antes de ejercer, eso además de la independencia económica que pueden obtener. Pero de ahí a considerarla en sí misma el germen de la liberación sexual del mañana va un trecho. Francisco Vázquez, un autor que ha criticado los distintos prejuicios con los que se suele abordar el tema (victimizando a las trabajadoras sexuales, criminalizándolas, etc.), hablaba justamente del prejuicio radical-populista en este mismo sentido. Y ello porque cada trabajadora sexual racionalizará su experiencia de maneras distintas, y la mayoría se toma lo que hace como un trabajo, no necesariamente como una forma o filosofía de vida. Y algunas usan argumentos conservadores para explicar su actividad, algo que no se debe olvidar. Y es que trabajadoras sexuales, igual que panaderas, habrá de todas clases (planteo: ¿o todas ellas deben compartir una misma concepción de la sexualidad o de las formas de relaciones personales extralaborales que les resulten deseables?). Y cualquier discurso que pretenda representarlas, aunque reduzca la realidad por el mero hecho de ser un discurso, cuando menos deberá aspirar, digo yo, a tener en cuenta la mayor variedad de casos posibles. Tú me ponías el ejemplo de Marien, que plantea una experiencia muy rica porque pudo desprenderse de ciertas ideas inculcadas durante su socialización y materializadas en un matrimonio fallido y en ciertos prejuicios sobre el sexo, etc. Así llegó a una determinada manera de definir lo que quiere (no estaría con ningún hombre que no respetara y aceptara su trabajo, etc). Y es totalmente cierto. Pero ni para llegar a ese punto es condición imprescincible ejercer el trabajo sexual, ni todas las mujeres que lo ejercen tienen por qué seguir esa misma trayectoria y llegar a ese mismo punto. Todos estamos hiperdeterminados (todo individuo es un producto social, no flota en la nada con autoconciencia revelada). Cualquier idea de liberación implica, para empezar, asumir nuestras limitaciones y condicionamientos, y a partir de ahí pueden surgir posibilidades no previstas y liberadoras.

Marta dijo...

Es decir, la experiencia de Marien es muy concreta. Quizás si antes de ejercer el trabajo sexual su vida y sus relaciones con el género opuesto hubieran sido otras, la prostitución no le hubiera resultado tan liberadora (o sí, depende). Supongo que en tu caso, el significado de tu experiencia como cliente también se construye en función de tus experiencias o creencias anteriores, y de ahí que a ti también te resulte gratificante y liberadora. Pero lo que no se puede pretender es prescribir a partir de estas experiencias un único modelo de relaciones sexuales y afectivas que estaría en el vértice de la pirámide de las posibilidades liberadoras. Dice muchas veces Montse que el amor es una construcción social. Claro, tiene razón: ¿qué no lo es?. La promiscuidad también. Y cualquier formulación de la misma puede derivar en un modelo normativo que como tal, para algunas personas puede no ser nada liberador, sino todo lo contrario. Además de que parece que siempre nos movemos entre dos extremos: promiscuidad, alegría, prostitución y liberación us matrimonio convencional, opresivo y frustrante con sentimientos de posesión y celos patológicos de por medio. Como si, de nuevo, no hubiera un montón de posibilidades entre ambos extremos.

asturiano dijo...

Marta,

Sólo dos cosas:

En primer lugar darte las gracias por las enormes dosis de lucidez y sensatez que nos aportas a lxs lectorxs de esta entrada con el comentario que has escrito. Decirte que creo haber entendido a la perfección todo lo que expones en él, y que, sin duda, de las cuatro personas que hemos escrito aquí: Cliente X, tú, Montse y yo, lo que tú planteas y consideras en tu comentario es lo más acertado que se puede leer (de entre todo lo expuesto). Me parece que das en el clavo en prácticamente todo.


En segundo lugar:

Has escrito (refiriéndote a los clientes y aludiendo un poco al problema de la infantilización de los varones que yo planteo como posible en las relaciones de prostitución:

"Cuando dejan de "estar en escena" y se cierra el telón, se suele hablar con ironía de estos tipos, que,[...]. Si realmente no les importa que el cliente vaya a volver, tampoco hace falta que salga satisfecho del todo [...]. En medio de estos dos extremos habrá toda una gradación de posibilidades: clientes ocasionales con los que excepcionalmente se puede tener feeling, clientes que las tratan con amabilidad y a los que devuelven un trato igualmente amable, etc.Supongo que Asturiano se refiere en gran medida al segundo tipo de relaciones que planteo."

Bueno, yo, en realidad, al plantearle ese caso hipotético de posibles procesos de infantilización a Cliente X en las relaciones con mujeres en contextos de prostitución que él pudiera tener, no estaba pensando específicamente en ninguno de esos dos perfiles de clientes categorizados por las mujeres oferentes que tú te has encontrado: los "amigos" o los que les resultan a las mujeres oferentes, indiferentes, o meramente llevaderos por no tener con ellos una gran sintonía, o incluso casi insoportables.

Me parece que yo le planteo a Cliente X ese problema de un modo más abstracto, no distinguiendo tanto entre unas relaciones u otras, o entre unos tipos de clientes u otros, como pensando más bien en las funciones, roles o identidades de las mujeres oferentes que tienen que ver con el "dar cuidados y atenciones" a los varones, con ser pacientes y "comprensivas" con ellos..., que son esperables en las relaciones hombres-mujeres en contextos de prostitución. En este sentido, quizás más bien, estaba pensando en relaciones de cuasi-amistad o incluso amistad, en el caso de Cliente X. El que estas relaciones fueran así no impediría el que él pudiera estar recibiendo un trato algo sesgado y siendo excesivamente valorado por esas mujeres [ahora o en el futuro]. Un trato y una valoración que le podrían favorecer en él una percepción algo distorsionada (para mal) de él mismo en lo que se refiere a las relaciones con el otro sexo.

Muchas gracias por leer todo esto.

M.N. (Marien) dijo...

Hay un comentario que hace Asturiano respecto al papel de cuidadoras que hacemos las mujeres que me gustaría desarrollar.

A las mujeres se nos ha socializado para este papel justificandolo a traves del "amor". Así nos hemos convertido en abnegadas madres, esposas, limpiadoras, amantes, cuidado de los padres y los suegros y ahora hasta abuelas.

Todo ¿a cambio de qué?

El hecho de que no hubiera/ haya una remuneración ni un reconocimietno ha provocado que muchas mujeres accedieran al mundo laboral para sentirse "realizadas". Porque el "trabajo de "sus labores" o "ama de casa" estaba y está infravalorado.

El efecto perverso de esta incorporación masiva de la mujer al mundo laboral (para independizarse económicamente y para poder "realizarse (sic) ha traído como consecuencia que muchas veces el sueldo que gana se invierte en guarderias, canguros, servicio doméstico, residencias de día o de regimen interno ( a su vez empleos para mujeres)

¿cómo cuánto no hubiera sido de diferente si las amas de casa percibieran un salario a final de mes por todas las funciones desempeñadas?. Porque al final de cuentas el dinero no deja de ser el valor simbólico que se le da a una serie de prestaciones, servicios o cómo se quiera llamar.
¿Alguien me puede argumentar solidamente qué tiene de diferente valorar la obtención de sexo de la misma manera que se valora los otros cuidados o prestaciones en nombre del amor fraternal?

Y no, las mujeres no pagamos por sexo, (mayoritariamente se entiende) pero nos gastamos un montón de dinero en estar guapas para seducir a los hombres (depilaciones, cremas antiarrugas, tratamientos de estética, operaciones de estetica etc.)

En fin....

M.N. (Marien) dijo...

Rectifico esto:
¿Alguien me puede argumentar solidamente qué tiene de diferente valorar la obtención de sexo de la misma manera que se valora los otros cuidados o prestaciones
" en nombre del amor fraternal"?

Me refiero a los servicios y cuidados que han dejado de hacerse en nombre del amor fraternal y que en la actualidad se pagan por ellos.
Gracias

asturiano dijo...

"¿Alguien me puede argumentar solidamente qué tiene de diferente valorar la obtención de sexo de la misma manera que se valora los otros cuidados o prestaciones
" en nombre del amor fraternal"?"

El mismo problema también se puede plantear de otra manera menos "cínica", a mi entender:

"¿Por qué los varones (que constituímos el noventa y muchos por ciento de las personas que son clientas) hemos de seguir teniendo una necesidad que se nos ha creado artificialmente desde una determinada cultura patriarcal, pagar por una clase de "cuidados" que seguramente, muchos de nosotros, ya no deseamos verdaderamente".

Un saludo.

Marta dijo...

Hola Montse,

Claro, el hecho de que otras actividades que antes se daban en el ámbito de las relaciones personales y ahora se dan en el del mercado ya se comentó, creo. Y a mí también me resulta muy triste ver a personas mayores "aparcadas" en residencias "con todo tipo de comodidades", sabiendo que en muchos casos y de forma muy dolorosa a sus familiares no les queda más remedio que internarlos. Y sinceramente, me parece una mierda a lo que conduce el sistema en este sentido, hablando en plata.

Respecto a los roles de cuidadoras de las mujeres y al trabajo de ama de casa, yo creo que el problema no es el trabajo en sí o el rol de cuidar y dispensar afecto, el problema es que estas actividades no se elegían, formaban parte de un destino "natural" y de una supuesta esencia femenina, y encima eran (y son) tareas socialmente desvalorizadas (porque sin acceder a parcelas de poder las mujeres difícilmente podían proyectar una buena consideración social de estas tareas). A mí me parece que si una mujer quiere trabajar en su casa, pues perfecto, no tengo nada en contra y creo que es un trabajo muy valioso. El problema es que lo tenga que hacer porque carezca de alternativas y por ser mujer. Y en cuanto a que se convierta en trabajo remunerado, pues entonces también se tendría que remunerar a las que trabajan fuera y dentro de casa, y si tienen compañeros y las tareas se reparten equitativamente, a ellos también habría que pagarles un sueldo, ¿o no?. Por cierto, tampoco tengo nada en contra de que haya amos de casa o de que esos roles de ejercer cuidados y apoyo, los desempeñen igualmente hombres y mujeres.

A Asturiano:

No tengo mucho tiempo, a ver si en otro momento te respondo. Pero creo que otra vez, al hablar de los clientes, habría que poner el acento más en los usos que en la institución en sí. Y en el hecho de que la crítica por parte de las trabajadoras sexuales a algunos de sus clientes, es positiva.

Un saludo.

M.N. (Marien) dijo...

"¿Por qué los varones (que constituímos el noventa y muchos por ciento de las personas que son clientas) hemos de seguir teniendo una necesidad que se nos ha creado artificialmente desde una determinada cultura patriarcal, pagar por una clase de "cuidados" que seguramente, muchos de nosotros, ya no deseamos verdaderamente".

¿de verdad no sabes cuál es la respuesta a esto ?

Los varones que no deseáis verdaderamente "esa clase de cuidados " no tenéis ningún problema y no tenéis porque solicitar nuestras prestaciones. Y las necesidades "creadas artificialmente" también se pueden rechazar. Que cada persona viva su vida en función de sus criterios, valores (entre los que está su concepción y su valoración de la sexualidad), circunstancias y necesidades, mientras no haga daño a nadie.

En el contexto de prostitución hay una cosa muy clara respecto a sus usuarios, Nadie, absolutamente nadie les obliga a consumir.

M.N. (Marien) dijo...

Además con esa afirmación no estás teniendo en cuenta las múltiples y diferentes "necesidades" que tienen los hombres cuando acuden a un trsex.

El mundo de las emociones y sensaciones es muy complejo y hay muchas variables a tener en cuenta.

M.N. (Marien) dijo...

Estoy de acuerdo contigo Marta, en que hay que poner más el acento en los usos, ya que lo que es más evidente es que llenamos vacios y canalizamos frustraciones.

asturiano dijo...

"Estoy de acuerdo contigo Marta, en que hay que poner más el acento en los usos, ya que lo que es más evidente es que llenamos vacios y canalizamos frustraciones."

-Es que a lo mejor esos vacíos que llenan y esas frustraciones que canalizan las mujeres oferentes, en muchos casos de hombres que acuden a ellas, no deberían hacerlo... ¿Quién canaliza las frustraciones de la mayoría de las mujeres?, ¿quién llena posibles vacíos de muchas mujeres?

Es que, es posible, que esas funciones que cumplen las mujeres oferentes al final están resultando incluso contraproducentes por ayudar a mantener un 'status quo' en el que los varones no terminamos de tomarnos en serio la autocrítica a muchos aspectos de nuestra masculinidad.

M.N. (Marien) dijo...

Je je aquí cada uno a lo suyo.
Veamos si clarificamos un poco las cosas.
Porque también hay que analizar las causas de las frustraciones y de los vacios.
Supongo que todos estaremos de acuerdo que las causas son las idealizaciones del amor romántico, del sexo, de la maternidad, de formar familia, de trabajas. Pero, resulta que se nos socialeza de una manera y luego la realidad a la que nos enfrentamos puede ser que no tenga nada que ver. Y ocurre que las expectativas que hemos generado chocan y produce esos vacios y esas frustraciones.
¿cómo se hacen frente? De muchas maneras , algunos se anestesian, con las drogas y el alcohol, otros van al futbol a los conciertos, se desfogan, otros se apalanca delante de la tele, otros van al psicologo, otros enferman.
Hombres u mujeres canalizan de diferentes maneras...las mujeres hacen muchas, claro no van de putos, pero

¿significa eso que las mujeres al hacer servir, vamos a llamar otras estrategias -te puedo poner miles de ejemplos- sean más beneficiosaso- perjudicales que la de los hombres cuando recurren a nuestros servicios?

A veces son contrapudencentes y a veces no. dependiendo de las caracteristicas y particularidades de cada persona y en todo caso y a mi modo de ver, no agudiza las causas originales de las frustraciones o vacios. Las mantiene, o al cambiar el escenario y ver referencias nuevas se cuestiona todo lo que antes (en un entorno más cotidiano y cómodo) no se podía cuestionar.

Cliente X dijo...

Madre mía, qué locura! ¡Qué cantidad de mensajes! A ver si logro responder todo lo que planteáis aquí, si me salto algo recordádmelo.

A ver, no podemos saber cómo será la prostitución el día de mañana, pero sí podemos HOY observar las tendencias. Y creo que resulta evidente que, aunque la demanda es esencialmente masculina, resulta que cada vez hay más por parte de mujeres. Hoy hay más que hace diez años, y hace diez más que hace veinte. Creo que es un claro ejemplo de cómo la mujer va accediendo a espacios y prácticas anteriormente exclusivos al varón. Y créeme que como tal no me siento amenazado o frustrado por compartirlo, al contrario, me alegro de que sea así. No sé si será el 3% como afirmaste (aunque luego lo corrigieses a la baja) o el 5% de Barahona que cita Marta. Aunque sea un uno por ciento, le hecho incuestionable es que hoy por hoy se observan avances que en la generación de nuestros padres serían inconcebibles, como que haya abierto un prostíbulo para mujeres en Valencia o que muchas de ellas vayan a los boys.

Aun así tengo ciertas críticas hacia este tipo de prostitución, porque como está en sus comienzos creo que todavía es demasiado “física” o “sexual”, en ella sí que se “cosifica” al hombre. Como habrás apreciado muchas de las mujeres que ejercen la prostitución son de lo más normalitas, algunas incluso escasamente atractivas físicamente, en cambio todos los gigolós han de estar cuadraos.

Por otra parte, como señala Marien, nuestra cultura orienta a las mujeres a que desahoguen las frustraciones o encuentren diversión en otro tipo de prácticas, como ir de compras, a la peluquería, e incluso dedicarse a las tareas de la casa. Aun así estos condicionamientos no harían rechazable estas prácticas, ya que somos animales sociales, hijos de largos y complejos procesos culturales. Yo lo que quiero es que la gente haga lo que quiera, y para ello han de tener la posibilidad. Realmente no sé por qué “ir de putas” es más cuestionado que otras prácticas a mi entender mucho más nocivas como acudir a establecimientos de comida rápida (hipercalórica y tampoco especialmente sabrosa), gastarse la pasta en la semana fantástica del Corte Inglés (aunque bien que lo hagan, que se anuncia en es.radio), jugar a la lotería (inversión de alto riesgo y baja rentabilidad) o fumar (caro y nocivo para la salud)… A mí todo eso me parecerá mal y PERSONALMENTE no lo haré, pero entiendo que cada uno tenemos nuestros gustos (o vicios) que debemos respetar mutuamente.

Sobre la hipótesis de la infantilización no podemos afirmar ni una cosa ni la otra, ¿verdad? Así que por si acaso te pones en lo peor y contemplas esa opción. Eso es absurdo, es prevenir sobre un efecto adverso del que no se tiene la mínima constancia. Si conocemos poco habría que INDAGAR antes de tomar medidas. En cambio el planteamiento que he defendido yo, el de su utilidad para emancipar sexualmente, sí que tiene ejemplos y referentes claros. No digo que siempre sea así, sino que es MI caso y el de alguna otra persona como MARIEN. Me consta que para otras chicas no es así, para varias de las que conozco es más una carga que otra cosa, algo que sólo realizan por la retribución económica que perciben (dicho así suena feo, pero es lo mismo que la inmensa mayoría de trabajos).

(sigue)

Cliente X dijo...

Si cometo errores en mis relaciones con las mujeres es posible que no los haya detectado. Por otra parte el caso contrario también puede ser cierto, que no los cometa. O que como todos unas veces acierte y otras yerre. Como el que no “vaya de putas”, me parece a mí. Ahora sí elaboras una explicación, que me complazco en refutarte.

Asturiano plantea que es posible que las prostitutas con las que me relaciono pudieran haberme cogido un afecto que, unido a la dependencia económica que tienen hacia mí, provocaría que fuesen más condescendientes con mis errores. Esto haría que, al no comunicármelos, yo no pudiese corregirlos y por tanto estaría persistiendo en ellos. ¿Es eso, cierto?

Bien, aquí se obvian varias cuestiones importantes. Primera de todas, el hecho de que no me relaciono únicamente con prostitutas, lamentablemente estoy con ellas mucho menos tiempo del que desearía. Vivo una vida normal en la que forzosamente tengo que relacionarme en otros contextos con las mujeres, con lo cual ellas podrían corregirme tales errores. Pero es que además, al PODER COMPARAR (cosa que frecuentemente olvidan los críticos de la prostitución) encuentro que la realidad es bien diferente, que las prostitutas suelen mucho más independientes que las demás mujeres y que no se suelen callar lo que piensan. Aunque yo las dé dinero, hay docenas de hombres que hacen lo mismo que yo, así que ella no va a tener el menor problema en “despedir” a uno o enfadarse con él (cosa que ya me ha sucedido en alguna ocasión), especialmente si es más pobre que las ratas como es mi caso. Seguramente si fuera tremendamente rico las cosas cambiarían e intentarían retenerme, si bien varias chicas me han contado que han dado puerta a varios clientes con pasta por multitud de motivos. En la crítica tampoco se aprecia ninguna mención a las relaciones convencionales de pareja, donde los dos factores aquí enumerados (el afecto y la dependencia económica) son mucho más pronunciados. Y sí que existen casos en los que se viva para y por la pareja. El putero en cambio se relaciona con muchas mujeres, lo cual le permite adquirir una experiencia mucho más rica.

Sobre lo de las críticas personales ya sabes que no sólo las “soporto”, sino que las agradezco. Pero esto se debe no a mi situación como putero, sino a mi adscripción a unos principios democráticos. Como has ido comprobando desde que me conoces nunca censuro (en el blog hay comentarios insultándome), sopeso cuidadosamente todas las objeciones que me son planteadas y contesto cuidada y detalladamente a las críticas que me formuláis. No es que yo lo diga, es lo que puedes apreciar a lo largo de toda una trayectoria. ¿Es o no es así? Respóndeme, ¿tienes algún indicio para sugerir que pueda ser una persona infantil, con problemas con las mujeres o reacia a las críticas? Es que me hace gracia porque es como los postulados abolicionistas, no es que no se ajuste a la verdad, ¡es que es diametralmente opuesto a ella!

Me queda por comentar lo de la prostitución como experiencia liberadora a Marta, lo haré ahora a la vuelta que me rugen las tripas…



Cliente X, que adora la carne... especialmente si es rosada, caliente y húmeda, ¡mwahaha!

Cliente X dijo...

Nos habíamos quedado en el papel de la prostitución como liberadora de la sexualidad. Me entran ganas de hacer un post al respecto, pero no voy a tener tiempo (ni mucho menos podré responder a todos los comentarios que genere). Intentaré sintetizar.

No digo que necesariamente la prostitución desempeñe esta función, sino que puede hacerlo: eso depende de la persona, de sus experiencias y de cómo se tome esta actividad. Es lo que Marien y un servidor hemos experimentado, y el tipo de prostitución que defiendo. Por supuesto reconozco que hay experiencias distintas.

La clave no está tanto en que sea sexo de pago sino en el acceso a una sexualidad diferente a la normalizada socialmente: multiplicidad de compañeros sexuales, ausencia de celos, rechazo de convencionalismos y tabús sexuales… por eso no puedo afirmar (no lo he hecho) que la prostitución sea el único camino hacia esta liberación, sino que es uno, el que he seguido y como tal conozco.

Evidentemente muchas personas van a tener unos planteamientos, una visión de la vida diferente, lo que conlleva un posicionamiento asimismo distinto sobre la prostitución. Siempre he dicho que existen muchas prostituciones, por supuesto unas personas sólo lo verán como sexo práctico e impersonal, otras como el desahogo necesario para los “machos”, quienes conciban que supone una degradación y humillación… Yo no he dicho lo que ellas deben pensar, sólo he expresado lo que yo opino, lo que para mí y algunas otras personas significa la prostitución.

Tienes razón en que para la mayoría es únicamente una manera de obtener ingresos, no han reflexionado mucho acerca de sus implicaciones. Marien me contó que éste fue su caso hasta poco antes de comenzar la carrera. Yo tampoco pensaba así cuando comencé a requerir los servicios de estas chicas. Sí creo que éste es un análisis complejo, fruto de una larga trayectoria prostitucional y de un posterior análisis socio-político. Repito, yo apuesto por un TIPO de prostitución, con las características que vengo citando: voluntaria, con plena capacidad de decisión para ambas partes, desarrollada en plano de igualdad, liberadora (tal y como he explicado), en la que sean posibles las relaciones de afecto entre las partes… y no forma parte de la especulación teórica, es la que generalmente he experimentado.

La experiencia de Marien será concreta, pero considero que resulta paradigmática. Ella no ha vivido en la Luna, sino aquí en la Tierra con nosotros: ha tenido que mamar la misma educación represora que hemos recibido, ha tenido que sacarse las castañas del fuego como todo hijo de vecino, y ha comprobado que eso del matrimonio no era la panacea que nos vendían de pequeños. Por eso la prostitución, que nos ha abierto las puertas a un Mundo desconocido, nos ha resultado tan liberadora. Como tantas otras personas comparten los valores y creencias que nosotros mantuvimos (ya que son los corrientes en esta sociedad), considero que pueden hallar muy gratificante esta experiencia. ¿Pero que habrá otras maneras de romper con ellos? Indudablemente. ¿Qué otras personas pueden hacer lo mismo que nosotros y no llegar a las mismas conclusiones? Desde luego. Toda persona tiene derecho a buscar su camino hacia la felicidad, Marien y yo lo hemos encontrado, pero (afortunadamente) no es el de todos. A diferencia de las abolicionistas yo adoro la diversidad, las sociedades heterogéneas y plurales, donde los proyectos de vida diferentes no tengan por qué ser excluyentes. No olvides que apoyo la prostitución en tanto demócrata ya que para mí el valor supremo es LA LIBERTAD.



Cliente X, tan liberal como libertino

Marta dijo...

A cliente X:

"para la mayoría es únicamente una manera de obtener ingresos, no han reflexionado mucho acerca de sus implicaciones."

Algunas sí han reflexionado, y como te comentaba lo han racionalizado de distintas maneras (porque como bien dices, sus implicaciones no han de ser las mismas para todas las mujeres), y es por eso mismo que lo ven como un trabajo. Por ejemplo, conozco a alguna mujer casada que ejerce, y es precisamente la idea de la prostitución como una actividad laboral (con pago) la que a ELLA le permite compatibilizar ambas cosas.

Por otro lado, la sexualidad dentro de la prostitución en muchas ocasiones no necesariamente es tan diferente a la que tú llamas "normalizada socialmente" (excepto quizás cuando se pide que las trabajadoras sexuales pongan en juego papeles explícitos según fijaciones diversas, o tríos y cuartetos, o prácticas masoquistas que algunos no se atreven a proponérselas a sus mujeres si las tienen). De hecho, una de las cosas que me sorprendió cuando empecé a conocer a trabajadoras sexuales, son las prácticas que discriminan porque les parecen "vicios" o "guarrerías" (textualmente). Y en ocasiones y ya lo comenté, curiosamente las rechazan al grito de "¡eso que te lo haga tu mujer!" (que me parece muy bien, obviamente harán o dejarán de hacer lo que les venga en gana, prueba de que sometidas no es que estén...). Y el servicio más habitual, al menos en la calle y en algunos bares, es el completo (lavado, felación, coito vaginal), que dura de quince a veinticinco minutos (con el trayecto al meublé incluído).

Luego, por lo de la variedad de compañerxs sexuales, pues también hay "liberales" fuera de la prostitución. Internet está llena de páginas de contactos en ese sentido. Del mismo modo que hay señores casados que recurren a la prostitución pero de forma encubierta y manteniendo sus matrimonios, con lo cual tampoco es que contribuyan al cambio del status quo que, entiendo, a ti te parecería deseable. Me consta que tú defiendes y apuestas por un tipo de prostitución desde una perspectiva determinada, pero eso es una proyección de lo que quieres que sea el trabajo sexual y no de lo que necesariamente es (o no en su totalidad, mejor dicho), y habría que distinguir cuando se habla de una cosa o de otra. Un post anterior tuyo resultaba confuso al respecto y por eso lo planteé (en este sentido las prácticas de ellas parecen bastante más transgresoras, independientemente de cómo racionalicen su actividad, que las de muchos de los clientes).

Marta dijo...

Por otro lado, sé que Marien vive en este planeta. Y que muchas personas (sobre todo mujeres, pero también hombres) habrán tenido experiencias similares a las suyas antes de ejercer (habrán recibido una educación sexual similar, una idea determinada del matrimonio y de cómo debía ser la vida conyugal, etc). Atendiendo a esa experiencia concreta, la prostitución podrá resultar liberadora, no lo he puesto en duda en ningún momento. Lo que digo es que lo liberador que pueda ser algo es siempre relativo, porque depende de otra cosa que sea o haya sido vivida como oprimente. Y no todo el mundo fuera del mundo de la prostitución tiene esas relaciones represoras o las vive como tales, y más hoy en día. Tampoco para todo el mundo el matrimonio o la pareja convencional representa lo mismo (los usos también cambian, como los de la prostitución). Aunque evidentemente hay sectores de la sociedad muy conservadores y tradicionalistas, pero es que hombres de estos sectores, a veces, también recurren a la prostitución. Otrxs, en cambio, se separan o divorcian.

La comparación entre fumar y contratar servicios sexuales, no la entiendo :-).

A Asturiano:

Te aclaro algo, por si me he explicado mal. Cuando dices que la trabajadoras sexuales en ocasiones estarán incluso con hombres que no soportan, pues no lo sé, pero en los casos que conozco, si realmente no los soportan, los despachan antes de entrar al bar (vamos, que no les abren ni la puerta). Dependerá de la autonomía y capacidad de negociación que se tenga, del carácter y en algunos casos de la necesidad económica, digo yo. Personalmente, las trabajadoras sexuales que he conocido son de armas tomar y no se dejan mangonear por nadie. Me refería más bien a tipos con los que no hay gran sintonía pero que pagan bien y son tolerables. Simplemente, no los elegirían para tener una relación personal de ningún tipo (amistosa, sexual...) fuera del trabajo, porque no les caen demasiado bien. Pero tampoco son irrespetuosos. Supongo que en cualquier actividad del sector servicios todo el mundo lidia con clientes así. Con estos es con los que más he visto justamente que se adopta el rol de prostituta tradicional, que se usa una máscara y una puesta en escena, que se imposta descaradamente un papel determinado. Sin embargo, con los que llaman "amigos", pues no. Hay una relación personal que no se puede describir en términos de una transacción comercial sin más, y se comportan con naturalidad. Cuando hay confianza, es fácil observar conversaciones de igual a igual o discusiones amistosas. No he visto yo el estereotipo de la mujer cuidadora y complaciente manifestándose en todas las interacciones con los clientes ni mucho menos. Y te digo una cosa, cuando adoptan esos papeles la cosa es tan evidente que: a) o el cliente lo sabe y es lo que busca, con lo cual que se haga la autocrítica él, lo que faltaba sería responsabilizarlas a ellas; b)es imbécil, pero te aseguro que de una forma que no despierta precisamente compasión.

Después, si los usos de la prostitución y las motivaciones de los clientes son distintas, pues no veo cómo se pueden hacer generalizaciones hablando de efectos psicológicos perniciosos ni de procesos de infantilización forzosos ni nada de eso. Te pregunto:¿crees que todos los hombres que en un momento u otro recurran a la prostitución, están poniendo en juego modelos de masculinidad que les definen íntegramente y condicionan todas sus relaciones con las mujeres en una dirección? Es que como apunta Cliente X para definir su caso, un hombre que durante una coyuntura concreta y por determinadas circunstancias busque afecto, conversación o una relación sexual o las tres cosas, o un hombre que lo haga en alguna ocasión aislada o incluso un cliente tan frecuente como Cliente X (aunque pueda ser excepcional), no sólo se relacionará con trabajadoras sexuales. También pueden tener (y seguramente tendrán) relaciones amistosas, laborales, amorosas, etc. con mujeres (hombre, en caso contrario sí sería para hacérselo mirar...)

Marta dijo...

Ya acaba:
Habrá también muchos clientes que desde luego sí se amolden al estereotipo,como los analizados por Corso, como los niñatos que van a algunos clubs o como los que me han explicado que disfrutan sacando las fotos de sus mujeres en presencia de las trabajadoras sexuales, para que se sepa que "es una santa" (y hasta las fotos de los niños). Pero volvemos a lo mismo: estos clientes reproducirán modelos de conducta y creencias sobre las mujeres iguales o complementarios (la esposa santa, ya sabes), fuera de la prostitución. Y lo que hay que analizar es la relación en uno y otro caso, digo yo, no el papel de uno de los extremos aisladamente (ya sea en el matrimonio , en la prostitución o dende se quiera). Así que o se cuestionan todas las instituciones propias del sistema patriarcal, o se acepta la posibilidad de que existan márgenes de redefinición. Es cierto que la lectura feminista de la prostitución del movimiento pro-derechos tiene pendiente integrar a los clientes. Y no sé, Juliano por ejemplo ha propuesto una posibilidad en ese sentido hablando del papel que podrían desempeñar las trabajadoras sexuales con su crítica de algunos de los clientes (y pone justamente el ejemplo de Corso). En la carta que se redactó como resultado del Congreso Mundial de prostitutas recogida por Gail Pheterson en "Nosotras las putas", se hablaba de la necesidad de no estigmatizar a los clientes pero sí de "reeducarlos". Laura María Agustín se centra en otra dimensión, sacando a la luz el tipo de relaciones que se pueden establecer entre cliente y trabajadora sexual al margen de los estereotipos. Por otra parte, ya te comenté que ciertos usos son posibles justamente por la imagen social que existe de las prostitutas. Si fueran consideradas mujeres independientes, si se garantizara su capacidad de negociación, si se conceptualizaran como trabajadoras y no como mujeres que SÓLO son sexualidad, orientadas naturalmente a la vida viciosa por una especie de tara moral, pues la contraposición entre la puta y la esposa que impulsa muchos contactos a lo mejor se iría a freír espárragos. Si has visto la publicidad de Marien (bastante particular), ¿tú crees que según qué clientes van a estar interesados en contactarla? Y no me refiero a la clase social ni nada de eso, me refiero a la presentación que hace de sí misma, a su definición como activista a favor de los derechos de las trabajadoras sexuales, a su advertencia de que su página no es una línea caliente para tontitos a los que sí que es bien fácil mangonear (no sé si me entiendes), a la parte de ella misma que está ahí (Marien, espero que la referencia no te moleste, es que es muy gráfica en cuanto a lo de la imagen de las trabajadoras sexuales).

A Marien:

Una pregunta, ¿a qué tipo de frustraciones te refieres? ¿sexuales por aburrimiento con sus mujeres o por falta de relaciones o yo que sé? ¿frustraciones afectivas por falta de relaciones personales o porque los vínculos sean débiles? ¿También habrá quien quiera variedad y ya está, no?

Saludo

asturiano dijo...

"Asturiano plantea que es posible que las prostitutas con las que me relaciono pudieran haberme cogido un afecto que, unido a la dependencia económica que tienen hacia mí, provocaría que fuesen más condescendientes con mis errores. Esto haría que, al no comunicármelos, yo no pudiese corregirlos y por tanto estaría persistiendo en ellos. ¿Es eso, cierto?

Bien, aquí se obvian varias cuestiones importantes."

Etc. Etc.

Pues nada, sólo quiero darte las gracias, tanto por haber entendido muy bien cuál era mi planteamiento en relación a un posible proceso de infantilización en tu caso, como por la extensa y bien argumentada explicación con la que me respondes. Eres una persona muy amable.

-Para Marta:

Me respondes:

"Te aclaro algo, por si me he explicado mal. Cuando dices que la trabajadoras sexuales en ocasiones estarán incluso con hombres que no soportan, pues no lo sé, pero en los casos que conozco, si realmente no los soportan, los despachan antes de entrar al bar (vamos, que no les abren ni la puerta)."

Bueno, yo no creo haber afirmado o enfatizado algo así. Sé bien que suele ser como tú dices.

asturiano dijo...

"...o un hombre que lo haga en alguna ocasión aislada o incluso un cliente tan frecuente como Cliente X (aunque pueda ser excepcional), no sólo se relacionará con trabajadoras sexuales. También pueden tener (y seguramente tendrán) relaciones amistosas, laborales, amorosas, etc. con mujeres (hombre, en caso contrario sí sería para hacérselo mirar...)".

Yo es que creo que puede haber una proporción de varones que son clientes habituales (2 o más veces al mes) que se relacionan sobre todo -o casi exclusivamente- con mujeres oferentes (fuera de lo que puede ser una relación exclusivamente laboral). Y esto no tendría porqué ver con que esos varones tengan alguna patología psiquiátrica.

asturiano dijo...

Para Marta:

Sea como fuere, quiero darte las gracias a tí también. Tus últimos comentarios, lo mismo que la explicación que me ofrece Cliente X de su caso personal como varón usuario, me está ayudando bastante a clarificar mis ideas... Efectivamente, me doy cuenta de que -al menos a nivel teórico- puede haber maneras diversas de "ser cliente" en la prostitución. Algunas de ellas, seguramente, más positivas que negativas (tanto para el varón cliente como para la mujer oferente).

Ya no os daré más la tabarra con este problema -que he venido planteando- de la posible nocividad de la demanda de prostitución para una parte importante de los varones que son clientes (habituales).

jordim dijo...

Es un placer encontar a quien habla de prostitucion sin demagogia y gilipolleces..