viernes, 19 de junio de 2015

Una reflexión sobre el mercado del sexo

A principios de Mayo conocí en la charla de Hetaira en Madrid a Nuria Roldán, antropóloga de la U. de la Laguna (Tenerife). Me pasó un artículo suyo que le prometí comentar, y aunque con un poco de retraso sabéis que siempre cumplo mis promesas. La tesis que defiende en él es típica entre los que denominamos regulacionistas o pro-derechos: que la prostitución es un fenómeno social que está para quedarse y que por consiguiente hay que afrontarlo, que visibilizándolo (combatiendo el estigma, reconociendo derechos, regulando) mejoramos la situación de las personas que desempeñan esta actividad y que la "trata" (entendida como prostitución forzosa), aunque real y totalmente intolerable, representa un porcentaje mínimo de la prostitución (que cifra en un 8%) y por lo tanto no podemos aferrarnos a ella para negar sus derechos a la inmensa mayoría de prostitutas.

Vamos a leerlo y paso a comentarlo acto seguido:



Nuria Roldán Arrazola, La Opinión de Tenerife, 09.05.2015

Pese a que existen diferentes mercados del sexo, en particular el turismo sexual, la prostitución transexual y la prostitución masculina, prácticamente todos los clientes de los servicios sexuales comerciales en Europa son hombres y en su mayoría las mujeres son las proveedoras.

El informe de Naciones Unidas (unodc, 2010) nos indica que el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual a Europa sólo cubre el 8% de la demanda de prostitución en nuestras sociedades.

Una perspectiva histórica nos indica que en la década de los 40 el 70% de los hombres adultos en Europa eran consumidores de prostitución, aunque fuera de forma esporádica, dentro de una sociedad donde el dominio de la ideología de la fidelidad era predominante y, por lo tanto el sexo fuera del matrimonio sin pagar, era mucho menos habitual que hoy en día.

En la actualidad los porcentajes de consumo de prostitución en los países de nuestro entorno se sitúan en el 20%: Suecia 13%, Los países bajos 14%, Suiza 19% y España un 39%. (Leridon, 1998).

Parecería razonable pensar que la liberación sexual y el paulatino abandono de la ideología de la fidelidad por la ideología del matrimonio múltiple, reducen el consumo de prostitución, es decir, sociedades más tolerantes, abiertas y responsables con sexualidades menos rígidas.

Ello no implica que el 8% de tráfico de mujeres sea aceptable por nuestras sociedades occidentales que, hacen de la lucha por los derechos humanos y la protección a la mujer valores preeminentes. El citado informe también nos sugiere que los cambios que se producen en la trata de personas en los países de origen tradicionales, a saber: Mayores niveles de conciencia en las posibles víctimas, una aplicación más estricta y rigurosa de la ley y la coordinación con los cuerpos de seguridad de los Estados receptores del tráfico, así como el cambio de las condiciones de vida de los países de origen, reducen de forma significativa la presencia de sus nacionales en nuestro entorno Europeo.

Dicho esto, entiendo que las posiciones que vienen defendiendo las organizaciones feministas, organizaciones sociales y la mayoría de nuestros partidos políticos sobre la necesidad de abolir la prostitución, por el tema del tráfico de personas, debe reducirse al hecho en sí de la violencia de género que se ejerce contra esas mujeres.

Confundir el sexo criminal: la violación, la trata, la explotación infantil, con la libertad sexual sería retrotraernos a situaciones del pasado donde se liga la ética con la prohibición en lugar de unirlo a la liberación que es lo suyo.

Los discursos sobre la sexualidad han sido, casi siempre, dogmáticos y simplificadores; Como simplificador es pretender abolir legislativamente una actividad que estamos viendo que persevera en el tiempo y que en la medida en que no la tratemos seguirá oculta, y por lo tanto estigmatizando e invisibilizando a aquellos que la practiquen, bien como clientes o como proveedores. Amén de favorecer un caldo de cultivo para la explotación y el maltrato.

Los países europeos estarán obligados a incluir en la medición del PIB los ingresos por prostitución, en virtud del SEC (Sistema Europeo de Cuentas) por ello el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (Prostitución, 2007) realizó un estudio sobre el impacto que tendría la fiscalidad de la prostitución sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones. El citado estudio mostró que la regulación de la actividad de la prostitución conllevaría un potencial de incremento de afiliaciones a la seguridad Social del 0,6% el IRPF se incrementaría en un 0,85% y el IVA en un 0,78%.

Es evidente, para cualquiera que se acerque al problema desde la racionalidad con afán de analizar y no pontificar sobre la sexualidad, que visibilizar la prostitución colocaría en mejores condiciones de protección social y de dignificación a hombres y mujeres que se dedican a esta rama de actividad. 
_______________________________________________________________



Me parece un escrito muy correcto, adecuado para la tribuna de opinión de un periódico. Expone ideas sencillas, coherentes y que pueden ser asumidas por la mayoría de los lectores. Pero no del todo correctas o que al menos necesitan una aclaración...

Bien, cuando se dan datos sobre prostitución hay que ser muy cuidadoso. Tenemos que comenzar definiendo los términos y seguir aportando las fuentes. Lo digo siempre, hablemos con seriedad y rigor. La UNODC (United Nations Office on Drugs and Crime) es la agencia de la ONU responsable de la célebre campaña "Corazón azul contra la trata", un organismo que para mí no tiene la menor credibilidad porque trabaja desde los despachos y no desde la calle. Pero aun así, lo que reconoce es lo siguiente (un dato que repite mucho Paula VIP y ahora también Samantha Villar):

"En Europa, unas 140,000 mujeres se encuentran atrapadas en una situación de violencia y degradación por motivos de explotación sexual, y una de cada siete trabajadoras sexuales han sido esclavizadas en la prostitución a consecuencia de la trata de personas".

Yo, que soy muy curioso, me interesé en saber cómo habían obtenido el dato y sobre todo qué indicadores podían emplear para catalogar a alguien como víctima de trata. Pues bien, para esta agencia de la ONU toda persona EN SITUACIÓN ADMINISTRATIVA IRREGULAR que ejerza una actividad laboral (obviamente en la economía sumergida, no queda otro remedio) es "víctima de trata". Tengan en cuenta que hablamos de organismos internacionales que tienen que dar cifras y establecer claros parámetros, necesitan poder definir de una manera clara y objetiva cuándo una persona es víctima de trata o deja de serlo y el criterio no es que esa persona esté siendo obligada a realizar determinada actividad (lo cual tiene otro nombre, trabajo forzado), sino carecer de papeles. Es algo que puede averiguarse rápida y fácilmente. Así "a ojo" puedo decir que sí, que ese porcentaje puede ser de en torno al 15% (1 de cada 7)... En fin, el hecho en sí es que no estamos hablando de nada dramático cuando empleamos el término "trata". El "tráfico de mujeres con fines de explotación sexual" se compone de dos partes. La primera es "tráfico", que no es otra cosa que cruzar de manera ILEGAL una frontera internacional (para la trata no hace falta que el cruce sea ilegal ni que la frontera sea internacional, pero sí que haya un movimiento migratorio... aunque sea de un municipio al vecino). ¿Dónde está el problema? A mí lo que me molesta no es que la gente cruce fronteras, sino el hecho mismo de que existan esas fronteras. La otra parte es el "fin de explotación sexual", es decir, ejercer la prostitución. ¿Por qué hacemos un drama de ello? Explotar significa obtener un beneficio económico, ¿el hecho de que sea realizando servicios de naturaleza sexual lo convierte en algo delictivo? No lo veo así.

Personalmente, suelo referirme al informe criminológico de la Guardia Civil sobre Trata de seres humanos con fines de explotación sexual. En una de sus últimas ediciones, aseguraba que "el fenómeno de la trata de seres humanos es de incidencia muy pequeña" pues se entendía que para hablar de trata se debía vulnerar la libertad sexual de una persona. En concreto, el porcentaje empleado era del 0,7% (para todos los delitos contra la libertad sexual que las prostitutas denunciaron, en su demarcación). Que me sigue pareciendo alto, pero bueno, podría incluso llegar a asumirlo. Es así, en mi vida no he conocido a una sóla chica obligada a prostituirse a la fuerza. Ni yo ni ninguna de estas prostitutas que tanto salen en los medios ahora dando la cara y con quienes he hablado del tema (Martina, Montse, Katia...). Ni directa ni indirectamente he podido constatar un sólo caso, y hablamos de miles de prostitutas. Y las he conocido a fondo, no como esos reporteros dicharacheros que cruzan cuatro palabras: que me han invitado a sus casas, he ido de vacaciones con ellas, a sus cumpleaños, de fiesta, he conocido a sus familias... De hecho, he sido amigo de chicas a las que las autoridades presentaron como "víctimas" y han "rescatado" en aparatosos operativos policiales, trasladándome ellas una versión totalmente opuesta a la oficial. Vamos, que pongo la mano en el fuego. Todo lo más, lo peor que he encontrado, ha sido a mujeres a las que engañaron diciéndolas que iban a trabajar de otra cosa (camareras) y luego se encontraron con que sólo había curro de putas... así que tuvieron que tragar, y las que lo llevaron mal marcharon en cuanto hicieron algo de pasta y a las que les fue bien siguen puteando muchos años después porque lo prefieren a otras alternativas laborales. Pero todas esas historias de secuestros, amenazas, palizas, etc... es ciencia ficción. Ahora bien, si me preguntan si conozco a alguna víctima de trata, diría que prácticamente todas por la definición que se hace de ella (la del Protocolo de Palermo, que es la que emplean las organizaciones abolicionistas y la Policía): la trata criminaliza el movimiento de las personas y el trabajo clandestino, no tiene nada que ver con la libertad con la que se ejerza la prostitución. Tenga en cuenta que esta multiplicidad de definiciones de trata provoca que cualquier porcentaje que demos sea cierto: el 99% es cierto, el 15% es cierto, e incluso el 0,01% también podría serlo. En el primer caso si tomamos por trata la prostitución tras un movimiento migratorio, en el segundo si a lo que nos referimos es a la prostitución ejercida por personas indocumentadas y en el tercero si ciframos a las prostitutas que sufren coacciones físicas para ejercer la prostitución. Todos tienen razón... porque hablan de realidades distintas.

Lo del porcentaje de varones que acuden a prostitutas es pura especulación. Ciertamente el INE dio esa cifra del 39%, pero... yo conozco a mucha gente que miente en las encuestas. Hay prostitutas que dicen que van casi todos, y gente que asegura que un porcentaje de tan sólo el 10% le parecería excesivo. No lo sé. Yo tengo amigos que sé de buena tinta que no van, y otros que sí. Todo depende del círculo de gente con la que te muevas. Obviamente si te juntas con Testigos de Jehová pues no creo que vaya ninguno, pero si hablamos de camioneros o de taxistas es probable que el porcentaje sea significativo.

Retomando lo del "tráfico de personas" (y repito que el "tráfico" es sencillamente migrar al margen de los cauces legales), parece que la postura más razonable sería la de diferenciar entre quien ejerce la prostitución de manera voluntaria y coaccionada. La situación actual se sostiene en la creencia de que la prostitución forzada es mayoritaria, y cualquiera que conozca mínimamente este mundo sabe que no es así. De hecho dudo que exista, al menos en los circuitos de prostitución abiertos al público general (podría haber en sitios muy escondidos, a los que solamente pudiese acceder un grupo restringido de personas, gente de poder). Una de cada ciento cincuenta, como se podría inferir del informe de la Guardia Civil, ya me resultaría una cifra elevada. Por eso identificar prostitución con esclavitud sexual es que no tiene ni pies ni cabeza, ni conceptualmente ni empíricamente.

En cambio esta "confusión" que Nuria señala yo creo que no es tal. Estoy convencido de que es una estrategia hecha a propósito para, bajo una justificación aparentemente bondadosa, mantener a las prostitutas en una situación brutal de desprotección e indefensión. En la charla de Hetaira de la que hablé al comienzo de esta entrada, Gail Pheterson mencionó que los poderes públicos tendrían una "agenda oculta" en torno a la prostitución. Pues eso es lo que yo creo, que no hacen más que camuflar sus intenciones reales. Como muy acertadamente apunta Nuria, parece obvio para cualquier persona con dos dedos de frente lo que habría que hacer para mejorar la situación de las prostitutas. Aunque no conozcamos en profundidad esta realidad resulta lógico que, si pudiesen gozar de una serie de protecciones, derechos y reconocimientos de los que ahora carecen, sus condiciones mejorarían sensiblemente. Pero si es algo tan sencillo y evidente, le quiero preguntar a Nuria: ¿Por qué no se hace?