viernes, 10 de abril de 2015

No somos como nos pintan

"Es necesario que la sociedad entienda que ni los gitanos ni ningún otro grupo deberían tener una imagen ligada a prejuicios ni estereotipos (...), creemos que una definición discriminatoria genera discriminación”.
Sara Giménez, abogada

"Hay que empezar a demostrar que el trabajo sexual puede hacernos tan felices como cualquier otro"
Amarna Miller, actriz porno

"Para que los demás no te juzguen y te condenen, la primera que te tienes que respetar eres tú misma (...) hace falta mucho valor para decir la verdad, pero también para escucharla"
Liliana, prostituta

"La gente está acostumbrada a que llevemos una doble vida y nunca se cuestionan por qué o qué implica esto para nosotras. Quiero romper con los prejuicios de la gente. Por eso hago público mi nombre real, enseño la cara y todo mi entorno lo sabe. No quiero esconderme de nada porque no creo que haya nada de lo que me tenga que esconder (...) Me gustaría que la sociedad dejara de poner en duda el poder de decisión que tenemos sobre nuestros cuerpos y aceptara que algunas mujeres elegimos ser putas. Tenemos derecho a ser felices y construir la vida que nos resulte más enriquecedora."
Natalia Ferrari Díaz, prostituta



Hoy quiero relacionar dos noticias recientes muy relevantes, siguiendo el tema abordado en la anterior entrada. En ella traté, en inglés, sobre cómo una serie de prostitutas australianas se habían sentido tan ofendidas por el estereotipo de prostituta "acabada" (drogadicta, vapuleada, enferma, en la calle, sujeta a mafias...) que decidieron mostrarse abiertamente a cara descubierta en Twitter para que se viese que esa imagen que se tiene de ellas no se fundamenta en la realidad sino en prejuicios y generalizaciones nada justos.

La primera de estas noticias no se refiere en concreto al mundo de la prostitución sino a un fenómeno más amplio en el que creo que deberíamos insertar nuestras demandas: la lucha contra la discriminación. Hablo de la reciente noticia que ha salido tanto en prensa como en radio del vídeo en el que unos niños gitanos denuncian la definición que la RAE (Real Academia Española) da sobre ellos. Por si no lo han visto, aquí lo tienen:

El lenguaje no es neutro, sino que tienen una importancia fundamental para moldear la realidad. Mientras términos como gitano, maricón o puta sigan considerándose ofensivos estaremos perpetuando los estereotipos y el estigma asociado a ellos. ¿Por qué no actualizar el lenguaje y empezar a insultar llamando "político", "diputado" o "concejal" a quien incurra en comportamientos degradantes, deshonestos o indeseables?



Soy español y quiero a mí país, pero eso no significa que tenga que cerrar los ojos a las cosas que no me gustan. Por eso, con todo el dolor de mi corazón, he de reconocer que como sociedad somos bastante racistas y que existe una fuerte discriminación hacia diversos grupos sociales, particularmente por motivos étnicos, entre ellos históricamente se hallan los gitanos. Eso ha llevado a que hayan tenido la consideración de ciudadanos de segunda: los padres no querían que sus hijos se juntasen con "tanos", en ningún sitio "normal" les contrataban, la policía y los jueces les consideraban delincuentes señalándoles siempre como víctimas propiciatorias... ese "estigma" o rechazo social que han sufrido y sufren es bastante similar al que afecta a las prostitutas y su entorno. Quizá la ventaja de las prostitutas es que pueden evitarlo ocultando su condición, ya que nadie lleva escrito en la cara la ocupación que tiene. Pero una vez que se sabe, ya es algo que te va a marcar de por vida.

¿Cómo combatir esta discriminación? Pues tradicionalmente ha habido dos formas, una salida a corto plazo es evitar ser identificado/a con el colectivo estigmatizado con lo que se evita sufrir las consecuencias negativas que comportaría. Hablamos de muchos problemas, tanto a nivel familiar, como social, laboral e incluso penal. Es la opción más sencilla y también, es innegable, la más exitosa. Por otra parte, a largo plazo, se puede tratar de combatir las imágenes estereotipadas y caricaturescas como han hecho estos gitanos o esas chicas australianas. Es un camino más largo, difícil y sobre todo costoso pero que eventualmente puede poner término a esta situación de minusvaloración social. Un caso muy claro es el de los homosexuales, sobre el que escribí una extensa entrada tratando el necesario proceso de "resocialización identitaria" por el que una condición que se tenía como vergonzosa pasaba a ser motivo de orgullo. Durante muchos años consideré que ese debía ser el rumbo a seguir: había que coger el toro por los cuernos y enfrentarnos a nuestros fantasmas, mostrar que no teníamos nada que ver a como nos pintaban.


Varias prostitutas han tomado la decisión de mostrarse al público, para hacer ver cómo son y que los estereotipos sobre ellas no resisten la menor confrontación con la realidad. Curiosamente, algunos que claman actuar en el beneficio de estas personas no dan la menor difusión a este tipo de testimonios y, de hecho, hacen todo lo posible para silenciarlos.



Así debe pensar Natalia, la protagonista de la segunda noticia que nos ocupa. Ella es una joven que ha decidido dar la cara exponiendo su condición de prostituta con el objeto de visibilizar y normalizar el trabajo sexual. Supuestamente, en teoría, eso debería "derribar los prejuicios hacia las putas" como escribe el periodista que la ha entrevistado pero si echamos un vistazo a los comentarios comprobamos que no es así. No pocos lectores dicen que nadie va a quererla, que habría que ver si es aceptada en su familia y entorno social o a ver quién va a emparejarse con ella sabiendo a qué se dedica. Y lo cierto, muy a mi pesar, es que no les falta razón. Las "salidas del armario" como las de Natalia nos vienen muy bien como colectivo, pero las consecuencias personales para ella pueden ser devastadoras: sencillamente hay gente que ni entiende ni puede llegar a entender que una puta, un gitano o un homosexual puedan ser tan respetables como ellos.

Por supuesto que alabo el paso adelante que ha dado esta chica, se la ve muy madura, con las ideas claras... e idealista, como yo cuando era más joven. Es estupendo tratar de cambiar las cosas que uno cree que no están bien, pero hay que hacerlo con los pies en la tierra y sabiendo cómo es la sociedad en la que vivimos. Creo que hace bien en dar su testimonio, hay que hacer todo lo posible para que nos entrevisten y salir en los medios... pero es pronto para hacerlo a cara descubierta. Mi experiencia personal (ya he salido varias veces en la tele) es que no vas a encontrar comprensión, desde que revelé públicamente mi condición de cliente mi círculo de amistades prácticamente se esfumó ya que nadie quería juntarse con "el putero" (así que finalmente sí que he acabado siendo una persona solitaria) e incluso mi familia estuvo en torno a un año sin hablarme. Y si en la empresa en la que trabajo supiesen mi "pasado" no me cabe duda de que me echarían, por eso en sucesivas apariciones públicas siempre me veréis con un pasamontañas.

El estigma que pesa sobre la prostitución es tal que quienes ejercen esta actividad han optado por cubrir sus rostros en aquellas ocasiones en las que accedían a la arena pública, como cuando protestaban contra las actuaciones políticas o al reivindicar sus derechos. ¿Conocen ustedes algún caso semejante, donde la víctima tenga que evitar ser identificada por miedo a lo que le pueda pasar? Suelo comparar la situación actualmente vivida por las prostitutas con el terror etarra sufrido en los años 80 en el País Vasco, y me parece que no exagero ni un pelo.



Sergi Escudero, 7/4/2015


"Me llamo Natalia Ferrari Díaz y no tengo ningún inconveniente en mostrar mi cara", afirma con voz seria esta joven de 22 años residente en Barcelona. La sentencia, que puede parecer obvia, no lo es tanto cuando procede de una chica que se dedica a la prostitución. Su caso escapa de lo que la sociedad se espera de una prostituta. "Cada vez más mujeres decididas elegimos libremente ser putas". Lo dice en voz alta y segura. "Me dedico a esto porque me gusta y todo mi entorno actual lo sabe. Disfruto experimentando con mi sexualidad y estoy muy orgullosa de mi trabajo". 

De un plumazo te derriba los prejuicios que uno puede poseer hacia las putas. Ni alguien le ha obligado a dedicarse a esta profesión, ni ha tenido la necesidad de dedicarse a ella por culpa de una vida desestructurada, privada de dinero, poca estabilidad, un entorno complejo o el consumo de sustancias peligrosas. De hecho, hace pocas semanas el alcalde de Barcelona, Xavier Trías, dijo que "nadie se dedica a la prostitución por propia voluntad" para justificar el acoso policial que está sufriendo este sector laboral en el barrio de El Raval. También llegó a comparar a las prostitutas con el top manta. Asociaciones como Aprosex, Prostitutas Indignadas o Genera, están trabajando para salvaguardar los derechos de estas trabajadoras. "Relacionar la trata con la prostitución es como relacionar el fútbol con los niños que están cosiendo pelotas en Bangladesh. En todos los negocios hay injusticias tremendas contra las que se tiene que luchar, pero eso no puede ensuciar la imagen de la profesión".

Uno de los eslóganes más repetidos por el abolicionismo es que ninguna mujer, bajo ninguna circunstancia, podría desear ejercer la prostitución. Siempre tendría que hacerlo bajo un tipo de coacción u otro, ya fuesen mafias que la obligasen, adicción a drogas, extrema necesidad económica, traumas infantiles o serios problemas mentales. Testimonios como los que vengo recogiendo en este blog desmienten tales afirmaciones.



Natalia no trabaja en el frío de la calle. Lo hace en espacios privados, especialmente en su piso y en hoteles. "La prostitución tiene un público tan variado que es posible montártelo a tu manera. Puedes marcar las condiciones según tus intereses y tu personalidad para atraer a clientes con los que verdaderamente quieras estar". Antes de quedar la primera vez con cualquiera de ellos pone como condición tener una conversación telefónica para asegurarse de que hay una afinidad. Otro requisito es que pasen un mínimo de tres horas entre la petición de cita y la cita. "Este trabajo me ofrece una autonomía que no podría tener con otros. Marco mis horarios y puedo permitirme trabajar solo cuando quiero". 

¿Qué busca en los clientes? "Que entiendan la sexualidad de la misma forma que la entiendo yo, que conecten conmigo. Que comprendan que su placer no está por encima del mío por mucho que hayan pagado y que acepten mis limitaciones y mis preferencias sexuales. Su dinero paga el contexto íntimo. Lo que sucede luego, es cosa de ambos."¿Y cómo entiende la sexualidad?" Las personas tenemos derecho al placer, a conocernos a nosotros mismos y disfrutar en compañía sin presiones o culpas. El sexo tiene que ser una fuente de experiencias y nadie debería decirnos qué hacer con nuestros cuerpos".

Las prostitutas han decidido en muchas ocasiones reivindicar su condición con orgullo, pues opinan que no existen motivos reales para la discriminación que padecen. Como ellas, creo que cualquiera que las conociese no tardaría en cambiar de opinión. El problema es que las creencias existentes sobre la prostitución están tan arraigadas que resulta muy complicado conseguir que tan siquiera las escuchen.



Detrás de su trabajo hay mucha planificación. "Quiero dejar claro el tipo de experiencia que ofrezco. Los colores, el contenido de mi blog y los detalles en mi habitación desvelan qué va a suceder en la cita". Su caso es poco común en el mundo de la prostitución, el cual suele pecar de precipitación. "El problema es que muchas putas empiezan a trabajar a partir de una urgencia económica y no tienen facilidad para analizar el mercado. Es común creer que solo subiendo fotos desnuda vas a conseguir dinero. Haciendo esto tendrás trabajo, claro, pero lo mejor de ser tu propio jefe es que puedes elegir el público que te interesa", explica.

"Se consigue dinero de forma rápida, pero no es dinero fácil", responde cuando se le pregunta por si la crisis económica puede atraer a muchas chicas -que en otras circunstancias no se lo hubiesen planteado- a probar suerte en la prostitución."Es necesario ser honestos con nosotros mismos e intentar tener el trabajo que nos hace felices. Puede resultar una opción económica atractiva, pero no cualquiera vale para ser puta". Ella hace un año que se dedica a serlo y comenta no tener ni idea de si dentro de un año aún lo seguirá siendo dada su forma de vivir sin hacer planes a largo plazo. Lo que sí tiene claro es que no se arrepentirá de nada de lo que ha hecho. "Pase lo que pase, dentro de cinco años estaré conforme con mis actos del pasado porque los hice de forma totalmente voluntaria".

La finalidad de dar la cara es que se vea que somos personas totalmente normales, que tenemos también familias, preocupaciones e intereses corrientes como el resto de la gente. Que no existe nada que, objetivamente, nos diferencie de cualquier otra persona. Sin embargo lo que me he encontrado es que el hecho de que se conozca que estás relacionado con el mundo de la prostitución provoca que de manera inmediata pierdas el status de persona "normal". 



Aunque admite moverse normalmente con el mismo grupo de amigos, cuenta que cuando le presentan a alguna persona y ésta le pregunta a qué se dedica no tiene reparo en afirmar de forma natural que es puta. "A veces se sorprenden y no se lo toman en serio. Asumen que si de verdad fuera puta no hablaría de ello. La gente está acostumbrada a que llevemos una doble vida y nunca se cuestionan por qué o qué implica esto para nosotras. Quiero romper con los prejuicios de la gente. Por eso hago público mi nombre real, enseño la cara y todo mi entorno lo sabe. No quiero esconderme de nada porque no creo que haya nada de lo que me tenga que esconder." Las chicas que llevan dos vidas normalmente lo hacen por miedo a las consecuencias que tendría en su entorno, con las complicaciones que ello conlleva. "Es muy triste tener que cargar con un secreto tan grande y esconder una parte de ti para la comodidad de los demás. Me gustaría que la sociedad dejara de poner en duda el poder de decisión que tenemos sobre nuestros cuerpos y aceptara que algunas mujeres elegimos ser putas. Tenemos derecho a ser felices y construir la vida que nos resulte más enriquecedora." 

En Barcelona se siente muy cómoda ejerciendo su profesión, aunque apunta que tiene la ventaja de trabajar por su cuenta y en espacios privados. Cuando se trabaja en la calle o para otras personas, el tema se complica. Pero para ella tampoco es la ciudad ideal. "Sé que en Berlín cobraría mucho más por hacer el mismo trabajo o que en un país donde la prostitución esté legalizada tendría menos complicaciones". De todas maneras, observa que la mentalidad de la sociedad barcelonesa cada vez es más abierta –aunque "la mentalidad religiosa aún está muy impregnada"- y que es probable que durante la próxima década la prostitución gane algunas batallas.

Dentro de la prostitución también encontramos distinciones que conllevan discriminación. Quienes ejercen en medio abierto (calles, carreteras, parques...) son consideradas como lo peor entre lo peor. Si hay algo todavía considerado más bajo que una puta, es una "puta barata".



Por otra parte, últimamente ronda por su cabeza la idea de pasarse al porno. "Me atrae porque es una forma diferente de jugar con mi placer y quiero formar parte de proyectos que educan en una sexualidad más sana y real". Le gustan directoras innovadoras como Erika Lust o el trabajo de Amarna Miller.

"La dignidad o el valor de alguien como persona no está en el uso que le da a sus genitales. Si disfruto con mi trabajo, y no hago daño a nadie, no veo por qué otros deberían entrometerse en lo que pasa dentro de mi habitación."
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Como decía, muchas veces los perjuicios atribuidos a la prostitución se convierten en lo que se denomina una "profecía autocumplida". Por ejemplo, estaba hablando del aislamiento social que es uno de los males atribuidos a la prostitución: se suele decir que las prostitutas extranjeras carecen de arraigo, que no tienen redes sociales de apoyo, que al no contar con un entorno familiar se "encierran" en el mundo de la prostitución. Y esto es cierto... a medias. El problema es que al ser la prostitución una actividad considerada tan indeseable, se hace indispensable ocultarla así que las chicas acaban haciendo su vida en gran medida en torno a otras personas vinculadas a este mundo. Y así con todo, también es totalmente verídico que sufran continuas vulneraciones a sus derechos humanos más fundamentales.... provocadas, nuevamente, por este estigma y las disposiciones legales y comportamientos de las autoridades que se derivan de su consideración como infra-sujetos. O que la prostitución comporte una serie de abusos que serían inadmisibles en cualquier actividad laboral. Es cierto, todas las "denuncias" que hacen desde el abolicionismo son correctas, se ajustan plenamente a la realidad. Claro, que parecen un ejemplo extremo de cinismo cuando uno ve que esa violencia que sufren no es intrínseca a la prostitución, sino que es causada por los mismos abolicionistas.

Además, a Natalia la acusan de dar una imagen minoritaria de la prostitución. Cuando salen prostitutas como ella, siempre se escucha lo mismo: "bueno, sí, PUEDE que esta chica ejerza voluntariamente y esté contenta con lo que hace... PERO no es el caso de la INMENSA MAYORÍA de las putas". Ella vendría a ser "la excepción que confirma la regla". Pues no. Quienes opinan así lo hacen para reafirmar unas creencias que no tienen la menor base empírica en la que sustentarse. Yo sí que he conocido a muchísimas prostitutas, y no de las de alto standing. De las de la calle, de las pobres, de las que no sólo tenían el estigma de putas sino también de rumanas y gitanas. He estado con chicas que sí que se considerarían en situación de extrema vulnerabilidad, en auténtica exclusión social. Chicas que vivían al día, que fumaban basuco y esnifaban pegante (éstas en Colombia). Incluso he conocido a unas cuantas prostitutas "liberadas", que las autoridades han etiquetado como víctimas de trata, a las que han "rescatado" y que han pasado por "pisos de acogida" y también por los calabozos por temas de extranjería, proxenetismo y hurtos. A mí no me pueden venir con esas porque yo me he sumergido en lo más profundo de la prostitución, y lo que he encontrado es que ni siquiera estas mujeres que se hallan al margen, del margen, del margen de la sociedad se adecuan a la figura que se tiene de ellas. Sí, claro, si lo que haces es pasearte por delante de una zona de prostitución como hacen las señoronas abolicionistas y pensar que vaya pobrecitas, qué mal lo tienen que pasar y qué espectáculo tan lamentable dan pues te quedas en eso, en una VISIÓN SUPERFICIAL de la realidad. Pero si te molestas en conocerlas, en hacer un día a día con ellas, en tratarlas a fondo e interesarte de verdad en su situación cambia radicalmente el concepto que uno tiene de la prostitución. Eso es lo que intento hacer en este blog desde que lo abrí, que se SEPA de qué va esto.

Las instituciones, como las del Estado de Edo en Nigeria (lugar de procedencia de tantas prostitutas), son las primeras interesadas en crear una imagen marginal e incluso peligrosa de estas mujeres. En este cartel se afirma que las víctimas de trata son, en su mayor parte, seropositivas.



Esa imagen de la puta como mujer que se valora poco, que está enferma, incluso que es poco higiénica es la que reproducen generalmente los medios y la que vamos asumiendo desde niños porque es la que nos inculcan. Ya he comentado en otras entradas qué idea tenía yo de las putas antes de conocerlas, para mí que una chica "acabase" en la prostitución era el peor destino de los posibles ya que no se podía "caer más bajo". Y los clientes tenían que además tener una tremenda falta de escrúpulos para acostarse con alguien que follaba indiscriminadamente con unos y otros, eso no sólo era asqueroso sino un tremendo riesgo sanitario. ¿Qué creéis, que quienes tenemos otro punto de vista sobre la prostitución venimos de Marte? No, hemos sido educados exactamente en los mismos tópicos y creencias que el resto de la gente. Pero hemos visto que esas ideas que teníamos no eran ciertas, no sin cierta dificultad porque siempre cuesta trabajo replantearse lo que uno cree saber.

Y ya no es sólo ir viendo cómo son las cosas, sino el hecho de saber que existe un discurso oficial "políticamente correcto" que convierte en sospechoso, cuando no criminaliza, a quienquiera que ose cuestionarlo. Si llevas la contraria a los agoreros de la prostitución ya sabes lo que te espera, que te tachen de putero, de aliado de los proxenetas, de loca, de crédulo... Es un tema tabú, del que es muy incómodo hablar. De hecho conozco a mucha gente que sabe cómo es ésto de verdad, pero con una hipocresía nacida del pragmatismo (es decir, que de cierta forma les entiendo) asumen el discurso oficial para no buscarse problemas.

Frente a los estereotipos abolicionistas, la realidad de la calle: convendrán conmigo en que estas chicas parecen gozar de una extraordinaria condición física, ¿no les parece? Obviamente no todas las chicas tienen estos tipines o son tan guapas como Natalia, pero desde luego distan mucho más de la representación que vimos en la pasada entrada de "María" o de la del cartel de Nigeria. Semejantes dramatizaciones son un auténtico insulto a la inteligencia de la gente, pues aunque suene un poco cruel decirlo ¿quién se acostaría con una persona así?  



Para acabar les dejo con un breve vídeo que refleja el efecto real de ese estigma en la vida de una prostituta, Liliana. Muchas chicas se ven obligadas a llevar una doble vida, como dice la protagonista "a vivir oculta para no ser reconocida como si fuera culpable de algo". Es que es muy duro levantarse cada día sabiendo que tienen que vivir una mentira, mirando a la gente a la cara y temiendo que se descubra tu secreto. Lo malo no es en sí el trabajo sexual, sino las miradas, los comentarios, las actitudes, el saberte juzgada, despreciada, el haberte convertido en (en vez de trabajar de) PUTA. Por eso Liliana afirma que la "gustaría meterle en la cabeza a las personas que soy igual que ellos, que no le hago daño a nadie". Eso es básicamente lo que deseamos, mostrar cómo somos para que no nos traten de esa manera tan terrible. Queremos convivir, se aceptados, que no recibamos un trato distinto gratuitamente. Cada vez más gente entiende que es ridículo y totalmente inaceptable discriminar a alguien por su tendencia sexual (homosexuales). O por su raza, etnia, o color de piel (gitanos, negros). O por su religión. O por su sexo. O por su clase social. La propia Constitución Española prohíbe taxativamente este tipo de comportamientos en su artículo 14. ¿Por qué entonces seguimos marginando a las prostitutas y a quienes se relacionan con ellas?




Para seguir leyendo:
· Música: I'm so whore
· La lucha contra el estigma: atreviéndonos a dar la cara
· Contra las mentiras sobre la prostitución
· Eu sou feliz sendo prostituta (soy feliz siendo prostituta)
· La prostitución según los abolicionistas
· Marien, la prostituta que salió del armario
· Ni eso ni ésta, por Paula VIP (por la aceptación social de la prostitución)
· Mitos de la prostitución I: prejuicios generales, el rechazo a prostitutas y clientes