miércoles, 15 de julio de 2009

Lilje Deluxe, la esperanza danesa


"La sexualidad masculina en sí misma no constituye una violencia contra las mujeres (...). Lo que resulta violento es el control que se ejerce sobre cada una y cada uno de nosotros, la facultad de decidir por nosotros lo que es digno y lo que no lo es"

Virginie Despentes, escritora



Esta danesa de 32 primaveras ocupaba ayer la contraportada del periódico EL MUNDO, desde donde se pronunciaba en contra de las medidas abolicionistas que amenazan con llevar la prostitución a la clandestinidad, tal y como ha ocurrido en Suecia y Noruega. El feminismo abolicionista ha progresado extraordinariamente en la última década, al no encontrar obstáculos. Ahora están cosechando los frutos, sus propuestas normativas están siendo recogidas por los Parlamentos europeos y modificando las vidas de millones de personas.

Lilje es otra de estas heroínas que, tanto por intereses como por principios, ha decidido plantar cara y decir en voz alta que no son las únicas, que no son la excepción sino la regla, y que quienes realmente les están JODIENDO LA VIDA son las autoproclamadas feministas. No es extraño que las prostitutas declaren sentirse atacadas por ellas, o incluso pidan "la abolición de las abolicionistas". Es cierto, señoras abolicionistas, que estas mujeres son víctimas. VÍCTIMAS DE USTEDES. Pero no crean que sus mentiras van a durar eternamente, ni lo sueñen. Cada vez somos más los que nos enfrentamos a sus mentiras públicamente, superando el miedo a "salir del armario". Lilje, eres un ejemplo a seguir. Espero que te vaya muy bien y tengas mucho trabajo. Felicidades.

He aquí el artículo:



· Lilje Deluxe se ha convertido en la portavoz de las trabajadoras del sexo
· Reivindica este oficio que ahora quieren prohibir en Dinamarca

Pedro Poza, Copenhague - EL MUNDO

A Pernille le gustan los hombres, le gusta el sexo, le gusta el dinero. Así que hace tres años decidió combinar sus tres pasiones: se hizo prostituta, adoptó el nom de guerre Lilje (azucena), al que luego añadiría el distintivo Deluxe, y comenzó a vender su cuerpo por los burdeles de Copenhague.

"Empecé por pura diversión", apunta. "Era algo que me fascinaba". Pernille se ha convertido en la personificación del tópico de la prostituta feliz. Cuando no trabaja, nada delata su ocupación: maquillaje discreto, pelo recogido, y los tatuajes que cubren su cuerpo convenientemente ocultos por un elegante conjunto blanco. Madre de un niño de cuatro años, vive con un novio que la apoya "sin reservas".

"Me satisface enormemente alegrar a otras personas", explica. "Sexualmente es muy enriquecedor. Además, está bien pagado. Gano unas 25.000 coronas netas al mes (3.500 euros)". Sin embargo, su rentable carrera corre peligro. Escandinavia es hoy territorio proscrito para la prostitución. Contratar servicios sexuales es delito en Suecia y Noruega.

Tradicionalmente más liberal que sus vecinos, Dinamarca es el último reducto del sexo de pago ajeno al Código Penal. Sólo se persigue, como en el resto de Europa, a los proxenetas, conocidos popularmente como alfonsos.

Acabar con el tráfico de mujeres

Según informes oficiales suecos y noruegos, la prohibición ha cumplido su fin: acabar con el tráfico de mujeres. Aunque los expertos discrepantes digan que lo único que se ha logrado es marginar a las prostitutas más desprotegidas, el ejemplo ha animado a los adalides daneses de la ilegalización -grupos feministas y de izquierda- a redoblar sus esfuerzos.

Ante ellos se ha alzado Lilje (pronúnciese Lilie) como incansable portavoz de quienes dicen dedicarse al oficio por gusto. Lo hace a cara descubierta, ya que no oculta su rostro ni en los anuncios, ni en sus constantes apariciones en los medios. Lo único que exige es que no se publique su apellido real.

"Estoy harta de las feministas de siempre, que tanto nos quieren ayudar pero que lo único que hacen es empeorar las cosas", se queja. "Si les preocupamos tanto, deberían dedicar su tiempo y recursos a mejorar nuestra situación. ¿Es acaso justo que paguemos impuestos, pero que no podamos ni sindicarnos ni cobrar el paro? Deberíamos tener los mismos derechos que cualquier otro trabajador".

Lilje reivindica la prostitución como actividad laboral legítima, y afirma estar harta de las feministas, "que tanto nos quieren ayudar pero únicamente empeoran las cosas"



En Copenhague, la prostitución callejera estaba prácticamente erradicada. Sólo algunas heroinómanas desesperadas seguían buscando clientes a la intemperie. El resto recibía en clínicas de masaje, gestionadas en algunos casos por cooperativas de prostitutas.

Desde la ampliación de la UE al Este, sin embargo, la situación ha empeorado. Rumanas, búlgaras, checas e incluso nigerianas toman cada noche posiciones en torno a la ciudad de la carne, así llamada porque allí se concentraba la industria cárnica de la capital danesa.

Lilje admite que muchas de estas extranjeras son rehenes de las mafias. "Es inaceptable, pero la solución del problema no pasa por la prohibición de la parte sana del negocio. La opinión generalizada es que una prostituta es o drogadicta, o delincuente, o víctima. Quiero decirle a la gente que no siempre es así, y que somos muchas las que nos dedicamos a esto porque nos parece un trabajo agradable".

martes, 14 de julio de 2009

Cuando las apariencias engañan


“No cabe una posición de neutralidad en la comprensión de la prostitución (…) Todo sujeto que se acerca a la comprensión de un fenómeno, y más aún a la comprensión de un fenómeno social, lo hace desde un paradigma (conjunto de teorías que considera verdaderas), y desde un determinado sistema de valores”

Ana Rubio, profesora de la Universidad de Granada. Abolicionista.



La prostitución genera un profundo rechazo entre ciertas personas y colectivos. Esto creo que es indiscutible. Se la ha calificado de “degradante practica”, “siniestro negocio”, “perversidad”, o “lacra social”. ¿Cual es el motivo? ¿Podemos relacionar la prostitución con otros aspectos de la vida social, o incluso con un “sistema de valores” como apunta la señora Ana Rubio? De existir estos valores, ¿son compatibles entre sí, es decir, es posible el entendimiento entre quienes abogamos por la normalización de la prostitución y los abolicionistas?

Fui observando la existencia de ciertas pautas entre quienes abordamos este fenómeno. Aquellas organizaciones que mantenían posturas similares en multitud de asuntos políticos, también coincidían en éste. Y del mismo modo que existían fuertes debates internos en el seno de dichos colectivos por estos otros temas, la prostitución no escapó de la disputa. En su momento no había llegado a relacionar todo lo que veía que estaba sucediendo, me limitaba a tomar cada uno de estos aspectos por separado, así diferenciaba la política territorial de la educativa y ésta de la económica. En principio no tendrían nada que ver entre sí, sin embargo podemos comprobar que las “recetas” que aplican unas u otras formaciones políticas invariablemente toman siempre el mismo sentido. ¿Por qué? Sencillamente porque detrás existe un PROYECTO POLÍTICO común para todos los aspectos de la vida social.

Sé que estoy entrando en un terreno escabroso y muy polémico, no obstante es necesario. Con toda seguridad me gane aún más enemigos, pero bueno, yo ya sabía a lo que venía. Continuemos, como habréis observado quienes hayáis seguido la evolución de los debates (enfrentamientos, más bien) sobre la prostitución en nuestro país, se han conformado dos bandos, o polos, claramente diferenciados. Curiosamente los abolicionistas recurren continuamente a una justificación ideológica, así son los valores “progresistas”, “feministas” o de “izquierda” los que sustentan su compromiso con la erradicación de la prostitución. Por eso doy tanta importancia a este aspecto, porque la retórica de la SUPERIORIDAD MORAL DE LA “IZQUIERDA” es un hecho, nada que me invente yo. La consecuencia lógica de esta “legitimación ideológica” es la destrucción política de quienes se les opongan, así las feministas que no les bailen el agua dejarían de serlo, se convertirían en unas traidoras “vendidas al patriarcado”; las prostitutas que afirman ejercer libremente (o peor aún, disfrutar con su actividad) estarían “alienadas”, manipuladas; y los hombres clientes seríamos intrínsecamente malvados y prácticamente tendríamos que pedir perdón por haber nacido.

Fácilmente encontramos precedentes a esta actitud excluyente y totalitaria. Quien no se doblega al pensamiento único es machacado, se fabrica un estereotipo de la persona de derechas, del no nacionalista, del “machista” que critica las medidas des-igualitarias del gobierno… la creación de estos tópicos contra el enemigo (recibe tal consideración, no la de adversario) ha sido la pieza clave de las estrategias de los regímenes autoritarios. ¿Insinúo con esto que nuestro gobierno lo es? Quien tenga ojos que vea, y quien tenga oídos que escuche.

(Ya lo dije, no escribo aquí para hacer amigos. No pensaba comenzar a dar estopa tan pronto ni de manera tan directa, pero mirándolo bien, eso que adelanto).

Y bien, ¿a dónde quiero llegar con todo esto? En mi anterior mensaje cité varios ejemplos como demostrativos de posturas totalitarias, todas recubiertas con un barniz izquierdista. Entre ellos aludí a la política de paridad, lo cual extrañó a Ibán:

“Yo no entiendo por qué opones el tema de la igualdad de oportunidades para las mujeres al establecimiento de unas cuotas femeninas de participación en la toma de decisiones o en los cargos directivos de los partidos políticos, empresas, etc. Sabiendo que este es un tema que ha sido debatido en el seno del feminismo en relación con el problema de la igualdad, me gustaría que nos clarificases un poco más de tu postura al respecto”

Entiendo que el establecimiento de cuotas, la llamada "discriminación positiva" (término que es una obviedad, la discriminación siempre va a ser positiva para algunos en perjuicio de otros), supone una diferenciación inexistente, y, como apunta Marien (comentario #3 del anterior mensaje), potencialmente muy dañina para las propias mujeres.

Primero, en el plano teórico, supone una simplificación extrema del concepto de igualdad, que en este caso conduce a su desnaturalización. Ésta es una igualdad referida a las oportunidades, no a los resultados. ¿Que es una buena noticia el que las mujeres accedan a puestos de responsabilidad que tradicionalmente las habían estado vetados? INDUDABLEMENTE. Pero quien ha de conseguir esto es LA SOCIEDAD CIVIL, la paridad debe ser el resultado de una sociedad que haya interiorizado unos valores igualitarios, no algo que se imponga desde un ESTADO DIRIGISTA que emplea las leyes para realizar INGENIERÍA SOCIAL.

Es decir, mi oposición no está en el fin sino en los medios. Pero éste no es un aspecto baladí, pues LOS MEDIOS CONDICIONAN EL FIN. Una sociedad pretendidamente igualitaria si se quiere conseguir a las bravas desemboca en totalitarismo, en esclavitud, en la mayor de las barbaridades que hayan existido, como la extinta URSS.

Las políticas de género disfrazan con frecuencia los auténticos problemas y diferencias sociales. ¿Hasta qué punto nos importa realmente una medida tan publicitada como la paridad en el gobierno o a la hora de elaborar listas electorales mientras "el bacalao" se lo reparten los de siempre?



Os voy aponer un ejemplo muy claro, con el que vais a entenderme perfectamente. Existe un consenso generalizado acerca de que es preferible una alta participación electoral, pues proporciona una mejor representatividad del electorado y también dota de mayor legitimidad al sistema político. Sin embargo estaríamos desvirtuando este noble fin si, para alcanzarlo, recurrimos a una medida coactiva como es el voto obligatorio. La alta participación electoral, como la igualdad entre hombres y mujeres, no puede imponerse. Han de crearse las CONDICIONES que la hagan posible. Podemos trasladar a la ciudadanía el mensaje de que es su responsabilidad cívica el acudir a las urnas, no como se ha hecho hasta ahora de que escojan “el mal menor”, sino infundiendo esperanza con una alternativa ilusionante (por ejemplo lo que ha hecho UPyD, al mejorar casi un 150% su apoyo electoral en las pasadas europeas). Del mismo modo podemos promover valores igualitarios que cuestionen los roles de género tradicionales, en lugar de las campañas de satanización del varón o de una legislación que nos presupone culpables. Asimismo el poder público tiene en su mano medidas de intervención directa al establecer “reglas del juego” para alcanzar esos fines, pero éstas deben limitarse a los aspectos institucionales. Por ejemplo puede bajar la barrera electoral de modo que el sistema político sea más inclusivo y así animar a una mayor participación, pero NO estaríamos otorgando ninguna “cuota” a los partidos, sino que intentamos que todos CONCURRAN en unas condiciones lo más equiparables posibles. Del mismo modo es necesario eliminar aquellos obstáculos estructurales que han marginado de la vida pública a las mujeres, como fue en su día la extensión del sufragio o ahora la inclusión de mujeres en el gabinete, sin recurrir a la COACCIÓN en la obtención de resultados. Por poner un ejemplo por todos conocido, sin necesidad de ninguna cuota las mujeres llegaron a tener incluso más presencia que los varones en las universidades cuando tuvieron acceso a ellas.

Este es el resultado de una ciudadanía inclusiva, que no haga distinciones por el sexo, color de la piel, religión, lengua, o cualquier otra diferenciación artificial, que politizada por los sectores interesados se convierte en un cleavage social. La necesidad de una política de cuotas ha sido también argumentada desde el punto de vista de la representatividad, ¿puede un hombre representar a una mujer? Llevado a su consecuencia lógica este argumento conllevaría que existiesen elecciones separadas de hombres y mujeres, que ellas tuviesen reservado un número de escaños por ley. Evidentemente el propio concepto de la representatividad presenta sus problemas, pero es la única manera conocida hasta el momento de articular la democracia en un Estado moderno. Sin embargo la representatividad será entendida en relación a los planteamientos políticos, más allá de las condiciones o circunstancias personales, podríamos preguntarnos si un viejo puede representar a un joven, un heterosexual a un homosexual o una persona capaz a una impedida. Desde luego que habrá diferencias entre nosotros, pero eso no nos va a hacer desiguales, por ello me representará mejor aquella persona que diga y haga lo que yo digo y hago, independientemente de lo que tenga entre las piernas.

En la práctica el establecimiento de cuotas tiene efectos contraproducentes, como indicó Marien. Resulta que si tenemos en un puesto a una persona que se sabe que ha accedido a él por otras razones diferentes de su valía personal, vamos a albergar serias dudas sobre su competencia. Dudas que se ven disipadas con “elementas” como la Trujillo, la Álvarez o la Aído. ¿Qué es lo que interpreta la ciudadanía, o por lo menos parte de ella? Pues que son las MUJERES FLORERO de toda la vida, pero en vez de estar puestas ahí para “fardar de hembra” como antaño, ahora lo están para “fardar de feminista”. Típico de un gobierno que vive de la propaganda, de las mentiras y de aparentar lo que no es.

Por último no quiero decir que no exista lugar para una “discriminación positiva” (prefiero llamarla intervención social), siempre y cuando se orienten a alcanzar una igualdad de oportunidades real, y no la concesión de privilegios como está ocurriendo. Considero necesarias políticas de ayuda e inserción social para colectivos que, objetivamente, se hallan en desventaja por sus necesidades particulares, o dificultad de encontrar empleo, o situación de exclusión social. Es el caso de las personas discapacitadas, no se encuentran en las mismas condiciones que el resto. Por lo tanto yo, que considero iguales a las mujeres, no puedo apoyar una medida diferenciadora y paternalista como es el establecimiento de cuotas. Al ser iguales reciben el mismo trato, para mí no somos tanto "hombres" o "mujeres", sino CIUDADANOS (o personas, porque la ciudadanía presupone la existencia de unos derechos que lamentablemente no todos tenemos).

viernes, 10 de julio de 2009

Rompamos el silencio, quebremos las cadenas


"Cuando hablamos de prostitución la gente suele adoptar actitudes de sorpresa e incertidumbre. A mí me gustaría que la actitud fuera interés por informarse, por escuchar, por aprender. Normalmente muchas personas opinan sobre la prostitución sin tener información suficiente para hacerlo".

Margarita Carreras Roig



Decía Descartes que en la duda está el conocimiento, y ciertamente en muchas ocasiones los prejuicios, estereotipos y creencias que hemos asumido acríticamente pueden llenarnos de certezas y vaciarnos de dudas, con lo que lastran nuestra capacidad de abrirnos a la comprensión de nuevas realidades. Es difícil que aceptemos algo que no conocemos, y es que la incultura es la madre de la intolerancia.

Hace tiempo, no mucho, yo me incluía entre esas personas a las que hace referencia esta conocida activista por los derechos de las trabajadoras del sexo. Desde luego, creía estar "razonablemente" informado sobre este tema, que por otra parte tampoco me llamaba especialmente la atención. Los escasos datos que conocía apuntaban invariablemente en la misma dirección, y no tenía ni los medios ni el interés para cuestionarlos.

Cuando las ideas están tan claras suele ser porque la mente está vacía. Como en tantas otras cosas de la vida son las experiencias, las vivencias personales -o dicho más coloquialmente "las ostias"-, las que van modificando tu percepción de la realidad, las antiguas ideas van dando paso a otras nuevas más útiles para interpretar el Mundo que nos rodea. Este proceso puede ser más o menos traumático dependiendo del contexto, de la divergencia entre la realidad percibida y las ideas mantenidas, y sobre todo de la capacidad personal para asumir ese cambio.

A su debido tiempo explicaré mi comienzo como "consumidor del sexo de pago", mis experiencias, y las consecuencias que han tenido en mí; mas en este primer mensaje introductorio quiero limitarme a realizar una presentación general explicando las motivaciones que me han llevado a publicar este blog.

En primer lugar he de comenzar agradeciendo el apoyo que Marien me ha brindado desde que la conozco. Puede decirse que mi blog es hijo del suyo, de hecho fue ella la primera persona en plantearme la creación de mi propio espacio. Montserrat Neira -más conocida como Marien- es una mujer, recientemente licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración (felicidades, por cierto), que ejerce la prostitución desde hace más de 20 años y comenzó, allá por el 2007, a escribir un blog en el que abordaba la temática de la prostitución desde su propia óptica, a contracorriente de las explicaciones dominantes. Medio en broma, medio en serio, dice de mí que soy como su hijo adoptivo, y como tal me considero.

Pues bien, como ella misma reconoce comenzó a escribir como reacción al discurso abolicionista del autodenominado "feminismo". Para ella y otras muchas mujeres que ejercen la prostitución resultaban indignantes las afirmaciones que desde esas posiciones se realizaban, tales como que todas las prostitutas han sido víctimas de abusos sexuales en la infancia o de malos tratos, que tienen una vivencia patológica de la sexualidad o que sufren severos trastornos psicológicos (fundamentalmente el llamado Síndrome de Estrés Post Traumático). No querían ser "victimizadas" o "redimidas", sino ESCUCHADAS. Consideraban que esta imagen prejuiciada de la prostituta y de su entorno no sólo no correspondía con la realidad, sino que tenía un efecto perverso al reforzar el estigma (entendido como una categorización social intrínsecamente negativa) que pesa sobre este colectivo en su conjunto.

En primer término "Nereida", portando una pancarta en la que reivindica su capacidad de autodeterminación. Pueden distinguirse otras integrantes del Colectivo Hetaira, asociación que se ha distinguido por combatir las arcaicas concepciones que pretenden despojar a las trabajadoras del sexo de su capacidad decisoria, aduciendo que su voluntad se halla "alienada". Nereida es otra buena amiga mía, trabaja en Desengaño y ocasionalmente en la parte alta de Montera.



Lamentablemente esta imagen distorsionada y estereotipada ha prendido fuertemente en el imaginario colectivo y es, según declaran ellas mismas (a quienes nos tomamos la "molestia" de escucharlas -que no es tal, al contrario, es un auténtico placer-), el PRINCIPAL y más molesto problema que tienen que afrontar. Antes incluso que aquellos ocasionados por algunos clientes, las disputas con otras compañeras o el acoso y extorsión policial.

En mi caso particular estas "mentiras y gordas" resultaban especialmente molestas, al provenir de personas y organizaciones que se autodefinían "de izquierdas y progresistas", adscripción política que compartía en aquel momento. Creía que estaban profundamente equivocadas, que en sus ansias por construir una sociedad más justa e igualitaria estaban olvidando a las personas, especialmente peligrosa consideraba la usurpación que se hacía de su voluntad individual. ¿Cómo podían estar defendiendo los intereses de los trabajadores si ni tan siquiera se les tenía en cuenta? Más adelante fui percatándome de que quien había metido la pata, y hasta el fondo, era yo. Ellos eran completamente coherentes, su prédica y práctica política se hallaban en completa consonancia con el modelo de sociedad que pretendían conseguir. La razón de la existencia de los profundos desencuentros en torno a la prostitución eran los PRINCIPIOS Y VALORES que nos movían a unos y a otros. La prostitución no es más que otra batalla que forma parte de la gran guerra que se libra entre demócratas y totalitarios (otros frentes son la imposición lingüística, el adoctrinamiento ideológico, la auténtica igualdad sexual entendida como igualdad de oportunidades en vez de la imposición de cuotas, y un largo etcétera). Pero esta es otra historia, y merece que la trate aparte.

Como reza el viejo refrán castellano, "no hay mal que por bien no venga" y precisamente fue este ataque el que movió a muchas mujeres a reaccionar. A lo largo y ancho de todo el Mundo comenzaron a sentirse las voces contestatarias de mujeres trabajadoras como Margo St. James (USA), Pia Covre (Italia) o la ya fallecida Grisélidis Réal (Suiza); denunciando las falacias del abolicionismo al tiempo que, desafiando al control social que pretendía mantenerlas silenciadas, deciden mostrar a las claras la verdadera situación de la prostitución.

Y este es el punto al que quería llegar, la explicación última de la existencia de este blog que nace hoy con la declarada intención de dar a conocer la prostitución desde la óptica del usuario. Estas mujeres actuaron como auténticas heroínas, marcaron un camino a seguir, se preguntaron por qué tenían que avergonzarse, ¿porque otros lo dijesen? Los clientes tenemos también nuestra responsabilidad, SABEMOS cómo son las cosas, pero por lo general nos hemos resguardado en la cómoda (y cobarde) invisibilización de nuestra condición. No sólo es un error de principios, también es un error estratégico: hemos de tener muy claro que nuestro silencio es su mejor aliado, el abolicionismo -como rama del fascismo que es- avanza si le tenemos miedo, si no se le combate.

Pero además existe un motivo que nos afecta más directamente, una razón EGOÍSTA (por así llamarla), para que los clientes comencemos a implicarnos en la defensa de la prostitución. La nueva estrategia para atacar a las prostitutas es "el asedio por hambre", cerrar los sitios donde trabajan (por ejemplo el Sex Shop "Ya no es pecado" de Montera, en Abril de este año) e incluso perseguir al cliente, medida que necesariamente pasa por crear un clima social hostil hacia nosotros. Suecia comenzó este camino en 1999, y a partir de entonces otros países se han sumado a la denominada por algunos juristas "extravagancia sueca". Noruega aprobó en Enero de este año una Ley muy similar, en Italia se penaliza al cliente de prostitución callejera, en Barcelona la Ordenanza "de medidas para garantizar y fomentar la convivencia" prohibió la compra-venta de servicios sexuales en la vía pública (incluyendo sanciones económicas para el demandante) y aquellos de vosotros que hayan conocido la Casa de Campo sabrán que el acoso y los controles policiales fueron constantes y provocaron su fin como centro neurálgico de la prostitución en medio abierto de Madrid.

Representación del cliente de la prostitución. Como comprobaremos es constante la consideración extremadamente maniquea y simplista de la sexualidad según el enfoque abolicionista. Con frecuencia, también es errónea.



Ante este continuo retroceso, especialmente de la prostitución en medio abierto -que es la más visible y por consiguiente transgresiva-, he creído llegada la hora de que los clientes comencemos a organizarnos para hacer sentir nuestro peso, primero en la sociedad y a continuación en la administración. Quiero que se nos escuche, que se nos considere a la hora de elaborar políticas públicas, que exista alguna voz disonante frente al discurso oficial que nos tacha de "explotadores" y "maltratadores" de mujeres. Las dificultades que tendremos que salvar son enormes, empezando por el estigma social que nos "sataniza". Sin embargo, como ya he dicho, contamos con el valioso precedente de unas mujeres que dedicieron plantarle cara a la sociedad hipócrita y moralista. Ellas podían haberse rendido, asumido que "las cosas eran así" y haber optado por el silencio. Pero combatieron, logrando tanto una victoria moral como numerosas victorias reales. Si luchamos, podemos perder. Si no lo hacemos, ya estamos perdidos. ¿Podremos estar los hombres a la altura de estas mujeres?

Finalmente quiero terminar como empecé, manifestando que estoy plenamente convencido de que el rechazo social que existe en nuestra sociedad hacia la prostitución se nutre del desconocimiento. Por lo tanto, si estás interesado/a en descubrir una nueva -y probablemente sorprendente- perspectiva sobre la prostitución te invito a leer y participar en este blog. Pocas cosas me agradarían más que contribuir, aunque sea con un pequeño granito, a la normalización social de la prostitución. Tengo un deseo, anhelo un Mundo en el que ninguna persona sea discriminada por cómo decida vivir su sexualidad o el trabajo al que se dedique, un Mundo en el que nos traten con dignidad y respeto, en el que no tengamos que ocultar lo que somos y podamos convivir personas con sensibilidades y puntos de vista diferentes, pero compatibles. Sueño con un Mundo libre de prejuicios y estereotipos, y con una sociedad abierta, plural y tolerante.

Este sueño puede empezar hoy a convertirse en una realidad, si rompemos el silencio romperemos las cadenas.