lunes, 23 de noviembre de 2015

Explicando la prostitución a los abolicionistas

Estoy convencido de que, en gran parte, los análisis y opiniones sobre el mundo de la prostitución que prevalecen entre algunas personas se deben fundamentalmente a un profundo desconocimiento de esta realidad. Llego a esta conclusión básicamente escuchándoles y leyendo lo que escriben, como me habréis leído en este mismo blog pienso que el punto de partida fundamental es el de la obtención de información. Parafreseando el famoso refrán, podríamos decir "dime a quién escuchas, y te diré qué crees".

Todos hemos visto esos programas de TV en los que ponen a una prostituta asegurando que lleva muchos años ejerciendo esta actividad, que es libre y que le gusta lo que hace y, además, que no sabe de dónde sacan las famosas "víctimas de trata" porque ha trabajado en multitud de sitios y nunca ha visto nada así. Y delante sientan a la típica feminista estirada, o a un periodista, o a una abogada... bueno, a alguien totalmente ajeno a este mundo. Y esa persona le explica vehementemente a la chica que esto no es así, porque "los informes de la ONU", o "la Policía Nacional", o "las ONGs que trabajan con las víctimas" aseguran que no tiene razón. Es decir, hace más caso a fuentes a las que atribuye una autoridad y credibilidad total que a quien está dentro de este mundo y sabe lo que se cuece. Es lo mismo que tratar de explicarle la evolución a un tipo que sólo cree en la Biblia y, si acaso, en los panfletos que publique su Iglesia. No, mire, entiendo que de acuerdo a la información de la que usted dispone las cosas le parezcan de una manera. Pero es que existe otra manera de acercarse a un fenómeno y es dejándose los prejuicios en casa y pisando el terreno. Sé que para algunas personas lo que diga el gobierno o la tele es como la palabra de Dios, por eso resulta tan complicado que se arremanguen y vayan por sí mismos la calle para saber lo que pasa. Porque es que claro, el papel (o un blog, je) lo aguanta todo y yo aquí puedo decir misa (vaya día refranero tengo) pero lo que es indiscutible es lo que pasa en la realidad... por eso pongo tantos vídeos, a diferencia de tanta gente que "reflexiona" sobre la prostitución teóricamente desde la comodidad de sus despachos yo lo hago tras una larga trayectoria en la que he ido conociendo de primera mano esta realidad. Y oigan, que desde luego estoy muy lejos de saberlo todo. Por eso si alguien me muestra que estoy equivocado no tengo el menor reparo en reconocerlo, lo que me fastidia es que gente que sólo se ha informado por los medios de comunicación o por como "cree" que es esto me venga a dar lecciones. No, si usted sabe pues viene y discute conmigo. Y si no tiene ni idea lo que tiene que hacer es aprender en primer lugar.

Esto viene a raíz de un artículo escrito por Lady Aguafiestington, en el que realiza una inmisericorde crítica a la prostitución, a los puteros y a los "regulacionistas" que legitiman una situación de desigualdad, subordinación y esclavitud. Me parece que ejemplifica mucho los típicos artículos abolicionistas que despotrican contra el capitalismo, el patriarcado y demás abstracciones pero son incapaces de solucionar cualquier problema que las propias prostitutas identifican como tal.

Estas son las putas que mi gustan, las reales, las curtidas por el viento y bronceadas por el Sol. Las chicas con las que ando y a los que las abolicionistas son incapaces de tocar ni con un palo. Como veis son tan educadas que ni piden ni exigen, "sugieren", y siempre medidas concretas (en este caso un parking regulado, pero también iluminación o papeleras) que mejoren sus condiciones de trabajo.



Lo cierto es que es un poco absurdo discutir sobre asuntos reales con alguien que te habla desde su mundo de fantasía (feminista y comunista, vamos, está más en la tierra el yonki más desquiciado que puedas encontrarte). Y más cuando se aprecia desde el minuto uno su manifiesta intención de hacer sangre creando dos "bandos": el de los fachistas esclavizadores de mujeres y el de las progres comprometidas y bienhechoras. Repulsivo... pero natural. Ciertamente en ese submundo que es el feminilistismo se han creado dos tendencias, pro y anti prostitución. Pero no hay que confundirlas con los enfoques legales, que son mucho más diversos. Y la manipulación que hacen los detractores de la prostitución para vincular a quienes sostienen una regulación que priorice la defensa de los derechos de las prostitutas y su reconocimiento sociolegal (regulacionismo o laboralismo) con una regulación centrada únicamente en aspectos administrativos y que no tenga en cuenta los intereses de las prostitutas (reglamentarismo, que se suele atribuir a esa malvada patronal de extrema derecha) muestra que la autora del artículo no tiene ni idea del tema o, mucho peor, que sabe de lo que habla y por eso mismo trata de desinformar.

Aun con todas las dificultades, vamos a dar repuesta (contesté en su blog, si no lo ha borrado todo seguirá ahí y básicamente voy a reproducir lo allí enunciado). Una de las críticas fundamentales a la prostitución desde el feminismo es su indudable componente de género, que la ejerzan mujeres y la demanden hombres. Esta asimetría vendría a reafirmar su carácter patriarcal, donde el poder se atribuye a quien demanda (porque tiene dinero) y la sumisión a quien oferta. Pues si bien es innegable que la prostitución es inmensamente mayoritaria de ALGUNAS mujeres hacia ALGUNOS hombres, también es cierto que el sector se va abriendo hacia otras posibilidades incluyendo la prostitución de varones hacia mujeres. ¿Que todavía es minoritaria? Poco a poco. Progresivamente la prostitución va siendo entendida en la sociedad como una actividad que puede desempeñarse indistintamente del género, es más, creo que es altamente positivo que las mujeres puedan acceder al sexo de pago. Para mí es una muestra de la liberación sexual de la mujer, que ha sido históricamente condicionada por fuertes condicionamientos sociales pero los ha ido perdiendo. De hecho, autoras feministas como Alejandra Kollontai envidiaban la sexualidad relativamente libre que vivían los hombres y soñaban con que las mujeres algún día disfrutarían del mismo modo. Pues ahí está, eso es lo que yo quiero: prostitución para todos y todas, no para nadie como proponen esos que son como el perro del hortelano que ni come ni deja comer.

Por otra parte, la lucha feminista durante décadas ha ido encaminada no a eliminar aquellas ocupaciones con un fuerte componente de género (pensemos en políticos, jueces, militares...) sino en romper las barreras de la desigualdad. Yo concuerdo con ellas, históricamente podía hacerse una crítica en clave de igualdad de la prostitución (ojito, al igual que del matrimonio... que por cierto, muchas de estas feministas también quieren abolir). Pero del mismo modo que el matrimonio no es consustancialmente "patriarcal" ni "machista" ni "violento" (aunque indudablemente algunos sí lo sean) sino que depende de la sociedad de la que se trate y, sobre todo, del caso concreto pues la prostitución tampoco tiene, per se, un significado. De hecho, tiene dos ventajas tremendas que la hacen particularmente atractiva. La primera es que por su naturaleza temporal limitada permite que, de producirse un abuso o incomodidad ésta no dure más de la cuenta. Eso no podía decirse del matrimonio hasta no hace tanto tiempo. Y la segunda es que muchas prostitutas no ven el desempeño de su oficio como un lastre por ser mujeres sino precisamente como una oportunidad y comparan su ocupación muy favorablemente con respecto a otras ofertas existentes en el mercado de trabajo. En relación con otros trabajos, la prostitución es una actividad altamente remunerada y que exigiría, para algunas personas puntualizo siempre, un menor esfuerzo que otras ocupaciones.

Por otro lado veamos a las abolicionistas. Se las sintoniza en una onda diferente, sus mensajes son maximalistas y no se detienen en detalles. "Hay que acabar con la prostitución". Pero mientras, con lo que terminan es con los derechos de las personas que la ejercen.



Concuerdo en el punto de que no habría que juzgar a la persona oferente de prostitución y creo que en torno a este punto podrían tenderse puentes entre las distintas corrientes del feminismo, al menos si la preocupación por las chicas fuese real y no una pose (como mucho me temo). Un aspecto clave en los regulacionistas, es la lucha contra el estigma. Un verdadero regulacionista no es el que opina "que lo legalicen" sin saber nada de este mundo, sino que se molesta en conocerlas y comprueba que las medidas abolicionistas/prohibicionistas empeoran su situación real de trabajo y de vida. Así lo reconoció la Corte Suprema de Justicia Canadiense el año pasado en el caso Bedford, Amnistía Internacional este año tras un extenso análisis y lo denuncian asociaciones compuestas por feministas como Génera, Hetaira o la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. Si hubiese una voluntad real desde el abolicionismo en las prostitutas, primero las escucharían y luego tratarían de hacer algo por mejorar su situación inmediata.

Pero claro, yo hablo de abusos y esto a una feminista le suena a ¿COMORL? Si la prostitución en sí toda es abuso, en toda circunstancia, no importa quién sea la puta o el putero ni qué hagan... No, eso es pura retórica. Eso no se corresponde con la realidad. Que no me diga que de verdad se cree que va a ser igual con un tío majo que con un cabrón, que va a ser igual que la chica tenga la presión de hacerse un dinero encima porque tiene que pagar o que vaya tranquila porque no tiene a nadie detrás ¿Conocen en serio cuáles son esos abusos que Terri Jean Bedford, Amnistía o las prostitutas cuando se organizan y forman asociaciones como AMMAR denuncian? Pues lo que afirman, y doy fe de ello, es que las legislaciones de corte prohibicionista/abolicionista criminalizan a la prostituta y/o a su entorno otorgando amplias potestades a los cuerpos y fuerzas de seguridad. Es entonces cuando los agentes aprovechan la situación de vulnerabilidad, indefensión e inferioridad de las chicas para realizar todo tipo de extorsiones, agresiones y abusos. Las prostitutas tienen voz y reiteradamente han manifestado cuáles son sus problemas, al menos para quien las quiere escuchar. Desde que comenzaron a organizarse en Europa, en la famosa ocupación de la Iglesia de St.Nizier en Lyon (Francia) en 1975 denunciando los chantajes policiales que sufrían (que por cierto también los menciona Sonia Sánchez en Argentina) a las actuales protestas en Barcelona y Madrid solicitando que las autoridades las escuchen y pongan fin a la "violencia institucional", las prostitutas señalan insistentemente que lo dañino para ellas no es la prostitución en sí sino en lo que sufren por ser tratadas de manera diferente. Son sus no-condiciones de trabajo y absoluta desprotección jurídica, el estigma social y la minusvaloración que padecen, y los abusos -ya sea accidentales o intencionados- que cometen las autoridades públicas hacia ellas los problemas que mencionan. El "regulacionismo" lo que pretende no es refrendar una situación indeseable sino acabar con ella o, al menos, paliarla en lo posible. Se trata de que la prostitución se ejerza en las mejores condiciones posibles, no para los proxenetas o los puteros, sino para las propias chicas. Quien más vería recortado su poder en un sistema regulacionista que verdaderamente se implantase (que pueda hacerlo ya es otro cantar, por eso no apuesto por este modelo ya que me parece utópico) serían, precisamente, los chulos. De ahí que lo combatan con todas sus fuerzas.

Es en este escenario real es en el que las medidas abolicionistas no combaten el delito, sino que lo respaldan y refuerzan dotando de una justificación teórica a la violencia cometida contra las prostitutas. Y si, esto se realiza bajo el mayor cinismo en unos casos aunque supongo que en otros sea meramente fruto del desconocimiento. Pero si seguimos por este camino de culparnos mutuamente no vamos a llegar a ninguna solución, y de lo que se trata es de defender y ayudar a las prostitutas. ¿Correcto?

Consecuencia real del abolicionismo: detención de prostitutas. Mientras EEUU financia a grupos abolicionistas, aplica medidas de represión directa hacia las prostitutas a quienes asegura estar "reintegrando" en el sistema.



Lo que les pido a estas justicieras universales es que comiencen por indagar sobre cuál es la situación auténtica de la prostitución en España. Por ver quién perjudica a las prostitutas, quiénes y cómo se lucran con ellas, y qué se esconde detrás de la trata. Porque a pesar de ser un término muy emotivo y con fuerte carga sentimental, debería explicar que es un engaño oponerlo a prostitución libre. La trata no tiene nada que ver con la prostitución forzada, sino con un fenómeno migratorio (incluso dentro de un mismo país) para realizar una actividad que, en la actualidad, tiene carácter clandestino por no estar regulada formalmente. De hecho la catedrática Carolina Villacampa distingue tres tipos de trata refiriéndose al grado de libertad (coactiva, en la que se emplea la fuerza; fraudulenta, en la que hay engaño; y voluntaria en la que únicamente operarían los "condicionantes sociales" que invalidan para algunos/as la elección de estas mujeres), la profesora Ruth Mestre se refiere a la "trata de mujeres con fines de explotación sexual" como "migración autónoma de mujeres para ejercer el trabajo sexual" (fíjese lo que cambia la percepción de un fenómeno dependiendo de cómo hagamos referencia al mismo) y la antropóloga Laura Agustín ya se tira al monte y habla del "mito de la trata" ("traficking myth"). La trata no es un mito, lo que sucede es que no se suele aclarar la definición real del término y -sinceramente- no creo que ni como feministas, ni como demócratas, ni siquiera como personas humanas sea correcto que castiguemos a quien migra para trabajar en la economía sumergida. No me parece correcto perjudicar más a quien más difícil lo tiene. Pero bueno, esa doctrina de dar caña al débil es la que tanto le ha gustado a esa extrema derecha que usted critica pero con la cual (Ana Botella, Jorge Fernández, Ignacio Cosidó, Cristina Cifuentes...) coincide de manera... ¿sorprendente? ¿No resulta llamativa la afinidad de la carcundia más conservadora con estas tesis trafiquistas, anti-prostitución? ¿Qué tal sientan este tipo de descalificaciones?

El regulacionismo no entiende la prostitución como una actividad neutra y sin problemas. El modelo con el que se busca confundirlo es la descriminalización que entiende que debe existir la mínima intervención por parte del Estado y tiene su máximo exponente en Nueva Zelanda, donde -con excepción de la prostitución callejera- se aplica desde hace más de una década con resultados aparentemente muy positivos. De lo que habla el regulacionismo es de que estas personas necesitan un marco legal que las ampare para evitar abusos, que se hace necesario reconocerlas derechos como a cualquier trabajadora y respetar sus decisiones que, a pesar de hallarse condicionadas como las de tantas otras personas, no pueden ser automáticamente invalidadas. Esto no lo acepta el abolicionismo, cuyas consecuencias auténticas son que estas personas se vean privadas de derechos y su situación laboral/legal/jurídica sea la de la desprotección más absoluta. En la vida real, el abolicionismo no combate la esclavitud sino que la fomenta.

Burda caracterización de la prostitución según el imaginario abolicionista: mujer llorando arrodillada bajo cautividad, mientras es observada por el que se supone su explotador. Bueno, pues es exactamente así como acaban las chicas bajo los sistemas prohibicionistas/abolicionistas. Encerradas, humilladas, subyugadas por los verdaderos proxenetas. Hace tiempo yo pensaba que esto sólo era propaganda de mentes desquiciadas pero no, he visto que es la expresión de un deseo. Las abolicionistas desean los peores de los males para las prostitutas.



En esencia lo que quiero decir es que el enfoque regulacionista no es un canto al libre mercado (a ver, lo impulsan organizaciones como el sindicato CCOO, no me jodais). A pesar de que despreciar al capitalismo tenga buena prensa entre grupos radicales y en bares de universidad, la mentira y la desinformación nunca son un argumento. El regulacionismo (no confundir con el reglamentarismo, enfocado en un control de la prostitución básicamente en las áreas sanitaria, fiscal y de orden público) se basa en la defensa de los derechos humanos. De lo que se trata es de eliminar o minimizar los inconvenientes que muchas veces encontramos asociados a la prostitución pero que no son intrínsecos a ella. Es decir, no por ejercer la prostitución te tienen que mirar mal o insultar, ni tienes por qué pagarle un canon a la policía, ni los ayuntamientos te deben obligar a pasar controles médicos totalmente ilegales. Eso no es prostitución. Eso son abusos, es lo que está mal y con lo que se pretende terminar desde este enfoque (que conste que lo explico, no lo defiendo, yo personalmente apuesto por el legalizacionismo que -desde el pragmatismo- lo que pretende es legalizar estos abusos y así al menos evitar que los poderes públicos actúen en contra del derecho).

Una auténtica feminista, como yo la concibo, debería indignarse de que se pretenda despreciar y silenciar a las prostitutas invalidando su consentimiento. Porque sí, tienen derecho a hacer con su coño lo que quieran incluyendo prostituirse. Es inconcebible que lo progre sea negar la libertad de otras personas. ¿Tanto cuesta entender que hay personas que realmente vivan la prostitución de manera aproblemática e incluso disfruten (y así de claro lo digo) con esta actividad? A mí me cuesta creer que se pretenda silenciar a otras mujeres diciendo encima que se actúa en su beneficio, es de ser un sinvergüenza total. Y no te hablo de escorts de lujo, no, te hablo de chicas que trabajan en clubs, calles y polígonos. Que sí, que es muy cómodo hablar desde la teoría y gritar eslóganes vacíos sobre mujeres que se conoce. Pero muchas de estas chicas son mis amigas. Yo las veo de continuo, sé dónde viven, salgo con ellas. Para estas feministas son unas extrañas. Eso es solidaridad de boquilla. Eso es la hipocresía y el cinismo.

Por último me parece fantástico que se escuche a supervivientes de la prostitución como Sonia Sánchez (al igual que las informaciones periodísticas de David Jiménez, actual director de "El Mundo", sobre la otra gran superviviente de la trata, mujer prostituida, y premio Príncipe de Asturias, Somaly Mam). Pero también habría que oír a mujeres como Ángela Villón, Georgina Orellano o la ya fallecida Gabriela de Silva Leite. Pero no, para el abolicionismo ellas ni siquiera existen. A quienquiera saber cómo afecta el abolicionismo de verdad en su vida le recomiendo que se acerque a los testimonios de Norma Jean Almodovar, Maggie McNeill o Pye Jackobson. Porque el resultado práctico del abolicionismo luego es, en la realidad de la calle, abusos, estigma y esclavitud para ellas. Si no lo sabíais, ahora ya lo sabéis.